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noviembre 19, 2013

Dos consideraciones, dos conclusiones.



Primera. Tendemos a pensar que construimos nuestro futuro. En realidad nos pasamos la vida construyendo nuestro pasado, tratando de justificarnos todo el tiempo. Somos quienes hemos sido, no quienes seremos. Ninguna decisión repercute eficazmente en nuestro futuro, sino en la forma en que habremos de estructurar nuestro pasado. Todo el tiempo pensamos en lo que sucederá, en quién seremos, en lo que habremos de hacer, pero siempre nos colocamos allá, en el fondo, en lo más recóndito del futuro, para poder imaginarnos mirando hacia atrás, respirando hondo y diciendo sí, eso es lo que quería hacer de mí.

La imaginación es esclava de la memoria.

Segunda. El verdadero creador está al final del tiempo, no al principio. Me parece más consecuente pensar que aquél que escribió la fatalidad estará esperándonos al final de todo, en el último momento, cuando cesan las historias, que pensar siquiera que estuvo al principio, que creó y desapareció, que dispuso lo que habría de suceder en lugar de ordenar lo que ya había sucedido. Todas las historias acerca de dios son proyecciones nuestras, todas han sido concebidas con un orden cronológico ascendente. Ahí me parece que hemos errado el camino.

El creador está allá, en donde todo termina menos él.

Así se estructura nuestra historia, nuestras historias, que son todo lo que tenemos, todo lo que somos. Por tanto, parece justo decir que vivimos en reversa, caminando de espaldas hacia delante ponderando lo que ha quedado atrás. Y, por consiguiente, entendemos la historia de nuestro creador también en sentido inverso al que debería ser: en un principio era el logos, decimos, cuando es claro que sólo al final del desarrollo de todo lo desarrollable será cuando podremos hallar un logos de las cosas. Los génesis diversos de las culturas son conclusiones disfrazadas de axiomas, son nombres dados a posteriori y presentados a nuestras consciencias como ideas a priori.

Hay que escapar de esta inercia, corromper la noción de progreso, destrozar las hipótesis. Esa es mi arenga.



marzo 24, 2013

La Barra Conservadora, cánticos de cancha.

Es un lugar común comparar la religión con el futbol: los ritos, los símbolos, la fe, el fervor, la consagración con alcohol, las lágrimas y hasta las celebraciones extáticas.

Ir a la cancha se parece mucho a ir al templo. Para los seguidores de Pumas, además, también coincide el día dedicado al objeto de culto: el domingo.

Propongo entonces algo que no debería sonar raro: cánticos de cancha basados en melodías cristianas. Si odias el futbol y/o los ritos religiosos, debes abandonar el blog en este punto.
(CADA IMAGEN ES UNA LIGA A UN VIDEO EN YOUTUBE, DALE CLICK A LA IMAGEN)





enero 31, 2012

La realidad existencial del hubiera.



“A veces estamos demasiado dispuestos a creer
que el presente es el único estado posible de las cosas”.
Marcel Proust.


“Vive el presente intensamente, es lo único que verdaderamente existe.” Este es el argumento de venta de una buena cantidad de campañas de publicidad y una forma astuta de resumir capítulos enteros de la literatura del silogismo tópico y la profundidad instantánea.

En realidad el presente es lo único que no existe.

Me explico. Desde el punto de vista epistemológico es muy claro, aunque muchos piensen que la epistemología (o teoría del conocimiento) es una disciplina demasiado teórica que siempre ha servido para esconder la escandalosa evidencia de la práctica con trucos mentales… En cierta forma sí lo es. Ni modo, así es la retórica. En fin, pensémoslo con calma. Cada sensación, al hacerse consciente, ha comenzado a formar parte del pasado –aun siendo una sensación continua, porque la idea o imagen de la sensación que hacemos consciente ya no es continua—. Por otro lado, cada pasión generada por las sensaciones vitales se formula en nuestro interior como un deseo, un anhelo, una voluntad, o simplemente como “unas ganas estúpidas de”. Por tanto, el motivo de la voluntad, lo que mueve al cuerpo a la percepción consciente, está siempre en el futuro.

Por eso, en mi opinión, comer cochinita pibil (o mantener una relación sexual o cualquier otra forma del placer) es un constante vaivén entre el recuerdo más reciente y el deseo más próximo.

El presente, esa moneda tan corriente en los libros de autoayuda y en las filosofías de paperback, es tan inasible como las partículas subatómicas. Heisenberg sonríe. O sonrió. O sonreirá. Basta intentar colocar el ojo en el presente para que ya haya desaparecido (el presente o el ojo, uno de los dos). ¿O está ahí y el ojo es imperfecto? Puede ser. Quizá no estemos acondicionados para mirar, tocar, oler o probar instantes. Mi opinión es que las cosas son así de fáciles. Nuestro cuerpo (quizá aun nuestra alma) no está diseñado para reparar en el instante: no podemos vivir el presente porque siempre se nos escapa.

Pero no es el fin del mundo. Al revés, es apenas el comienzo. Peores cosas que el presente se nos han escapado. A mí me gusta entender la asimilación de esta verdad como una liberación del peso constante que acostumbramos llevar sobre las espaldas: la responsabilidad de estar haciendo lo correcto. Al diablo. La vida es muy larga, no tienes que vivir cada instante intensamente (entre otras cosas porque no se puede).

El pasado, querido amigo, ese sí que existe. Atestigua su propia existencia todo el tiempo: pesa, condena, reprime, enorgullece o determina. Siempre está ahí.

¿Y el futuro? El futuro viene a nosotros en forma de deseo o de temor, de esperanza o de preocupación. El futuro es nuestra razón para vivir, más importante que la vida misma. Más nos vale que exista.

Y entonces aparece “el hubiera”. Alguien en el fondo de la sala gritará “¡el hubiera no existe, güey!” Y, si la justicia poética existiera, desaparecería dejando una estela de polvo óseo para beneplácito de todos los demás.

El hubiera no sólo existe, sino que es una de las ideas que posee más peso existencial en la historia de la humanidad. Es fértil, tiene la semilla del ser dentro de sí, preparándose para reventar alguna vez y dar paso a mundos imaginables (siempre imaginables).

El hubiera es esa forma verbal mayúscula, madurísima, que sabe que el presente es una ilusión, que nunca deja de ver el pasado –porque siempre que se usa se refiere al pasado (“hubiera dicho que sí”, “hubiera venido más temprano”)— y que siempre alude a la posibilidad, que es la madre del futuro. Es el tiempo verbal perfecto, "más que perfecto" (pluscuamperfecto) para ser exactos, del modo subjuntivo. Es la forma en la que la existencia se expresa en grado mayor, en la sublimidad de la sutileza mental. Es el tesoro del sibarismo intelectual.

El hubiera sirve para aprender, para no cometer el mismo error más de una vez como si fuéramos animales: “hubiera salido con paraguas, la próxima vez lo haré”, “me hubiera quedado quieto en lugar de meter los dedos al enchufe”, “hubiera dejado que los judíos vivieran en paz en Berlín”. Es la piedra angular del progreso.

El hubiera sirve también para imaginar, para crear: “si hubiera aquí un puente”, “si hubiera una forma de comunicarme con alguien de otro continente”, “si hubiera una pareja de amantes de familias enemigas en Verona”, “si hubiera una forma de ver una figura desde varios ángulos al mismo tiempo”, “si hubiera un lugar en La Mancha en el que…”

Al ser una herramienta (verbal, lingüística), el hecho mismo de servir le dota de existencia, de perfección en la existencia, de sustancia (para sonar más clásico que Bowie).

El hubiera niega el presente, reafirma su inexistencia. Pero, en compensación (grave, grande, deliciosa compensación), nos ofrece la posibilidad, que es la condición más necesaria para el movimiento, para el crecimiento (que es una forma de movimiento), para la creación y para la esperanza. El hubiera vuelve la vista atrás y luego la coloca hacia delante. Es nuestro rasgo más humano, es lo único que existe.

Si tan solo hubiera más gente que creyera en él…

diciembre 08, 2011

Twitter no es peligroso; nosotros, sí.



En Tercer Grado, programa de debate de Televisa, se discutió la fuerza de las redes sociales –en específico del Twitter, el medio más abierto y utilizado del internet 2.0– con ocasión del episodio de Peña Nieto en la FIL y con miras al proceso electoral que ya se nos viene encima. Sus intenciones, desde mi punto de vista, eran claras: minimizar el incidente hasta situarlo en el anecdotario popular de corta memoria y tratar de limpiar el desastre que el candidato de su empresa provocó en Guadalajara.

Me llaman la atención varias cosas que trataré de desahogar con cierto orden:

A) La aceptación tácita de que Peña Nieto es el candidato de la televisora a través del método retórico de la omisión. En efecto, si de algo se ha hablado en los medios que quedan fuera del coto de Televisa es de la relación entre dicha empresa y el candidato del PRI. Todos los actores políticos ajenos al PRI, por otra parte, también han mencionado (o señalado, o incluso condenado) las preferencias del Grupo Televisa por el candidato del tricolor. La palabra está en la calle. Entonces, ¿por qué no tocar el tema más socorrido del debate en sus discursos? ¿Por qué no salir a desmentir, a contrariar o a invalidar esos juicios? No hablar de las acusaciones cuando son tantas y tan sonoras es, para un grupo de medios que tiene como uno de sus objetivos el de informar con veracidad y oportunidad, aceptar su verdad.

B) La pobreza de los argumentos de los periodistas Loret de Mola y Adela Micha cuando tratan de proteger a Peña Nieto. El primero optó por distraer la atención del punto (que es la crítica a la indigencia intelectual y cultural que Peña Nieto mostró en la FIL) para llevarlo al siempre ambiguo y canceroso ámbito político-partidista. Calificó el movimiento general de los usuarios de redes sociales como “guerra sucia” por parte de otros partidos en contra del candidato del PRI, dejando de lado el contenido de las opiniones y asumiendo quizá que todos los que nos dimos vuelo criticando a Peña Nieto fuimos reclutados y pagados por entusiastas de López Obrador o de Vázquez Mota. A muchos de nosotros nos hubiera venido muy bien recibir algunos pesos por cada tweet que mandamos a la red, pero lamentablemente no fue así. Además, si en realidad hubiera existido una incitación al desprestigio por parte de militantes de otros partidos, dicha arenga probablemente no habría funcionado si sus mensajes no fueran reales o al menos relevantes para el público de Twitter. Todos los que hemos trabajado en publicidad sabemos lo difícil que es generar comportamientos en un medio que trata de huir de todo lo que huele a publicidad o a propaganda. Por último, los esbirros no habrían actuado fuera de la ley (puesto que como el mismo Loret menciona, no está legislado el asunto) a diferencia de lo que sucedió cuando se publicó la campaña “Peligro para México” en 2006 en medios masivos supuestamente sí legislados.

Adela Micha, por su parte, sostiene que si el candidato “es un lector voraz o no es un hecho completamente irrelevante a la hora de gobernar bien o mal”, acuñando ipso facto una frase que durará (o debería durar) para la posteridad en los anales de la inmundicia mediática. No me detendré mucho en debatir un argumento que se cae de rancio, pero me limitaré a decir que la literatura no se reduce a Harry Potter o a novelas de detectives, sino que incluye, sin más, la totalidad de los registros históricos, culturales, jurídicos, religiosos, civiles y políticos de México, del continente y del mundo. Algunos datos surgidos de la totalidad de libros (ay, Borges, tu biblioteca de Babel) podrían llegar a ser de cierta utilidad para dirigir un país durante seis años. Quizás no, quizás me equivoco. Tal vez con la Biblia ya se ha dicho todo lo que a política pública, organización comunitaria y distribución de la riqueza se refiere y con eso sea suficiente.

C) La frase “el miedo es un arma tan poderosa y tan fatal como la violencia misma”, también pronunciada por la señora Micha. Cuando la escuché, me quedé pensando en la diferencia que hay entre un “muerto de miedo” que sale del cine después de ver “Birds” de Alfred Hitchcock y un “muerto de muerte” que ha sido arrojado en una avenida central de Boca del Río. En fin, seamos justos y pongamos la frase en su contexto. Ella hablaba del miedo que puede surgir de una noticia falsa o de fuentes no fidedignas que ha sido lanzada en Twitter y que se propaga como un virus. En eso tiene algo de razón, la desinformación es peligrosa. No obstante, cuando la desinformación es sistemática y dolosa, como aquella a la que hemos estado expuestos frente a la pantalla del televisor desde los tiempos en que los lectores de noticias usaban audífonos de DJ, es realmente fatal y “tan peligrosa como la violencia misma”. Es increíble que desde el medio que ha creado la verdad en el imaginario popular de México durante décadas se aluda a la peligrosidad de la desinformación.

Y por último, la problemática que más me llamó la atención y que uso para concluir con una reflexión, parte de esta frase:

“La redes sociales tienen una fuerza enorme aun para distribuir basura”
Leopoldo Gómez
, vicepresidente de Noticieros Televisa.

Es indudable el poder organizacional que tienen hoy las redes sociales en los temas de opinión pública, de economía social y de política en el mundo. No aburriré refiriéndome a los fenómenos sociales de Túnez, Egipto, Grecia, España, Reino Unido y Estados Unidos de los últimos meses. Sin embargo, hay algo que se les está yendo de las manos a quienes asumen que la fuerza está en las redes sociales. A saber, que Twitter (por referir a la más popular y pública otra vez) es sólo un medio. Detrás de cada opinión, de cada tweet, de cada tópico de moda y de cada argumento esgrimido desde ahí, hay una persona pensante que lo escribe. La fuerza de Twitter es en realidad la fuerza de sus usuarios. Es una parte de la opinión pública que al fin ha encontrado un podio, un altavoz.

El miedo que los periodistas de Televisa dicen tener, entonces, parece que realmente no es un miedo a las redes sociales (que son simples y útiles medios), sino a la opinión de la gente que las hace funcionar y, en último término, a la libertad de expresión. Podría incluso decirse que parece un miedo a perder el control de la masa, a perder la prerrogativa de inventar la verdad (o a tener que compartir esa prerrogativa con cualquier usuario que quiera inventarla), a perder la posibilidad de esconder los errores y de manejar los mensajes sin dejar que replique la crítica.

Estamos frente a una verdadera revolución, en la que los medios pasarán a ser de todos y los mensajes serán de ida y vuelta. El Twitter no es peligroso (¿peligroso para quién?), la voluntad de la gente, sí. Y si es así, bienvenido el peligro de la palabra pública.

octubre 04, 2011

(D)evolución.

La pomposa teoría de la evolución. Una realidad latente en la sicología humana. Un deseo de progreso que yace como impronta en lo más profundo de nuestras cavernas síquicas. Una hipótesis del desarrollo humano que no ha encontrado una barrera argumentativa definitiva como para despreciarse. Desde cualquier concepción naturalista o metafísica del ser humano la evolución es la piedra angular, entendida como mero devenir histórico o como punto de inflexión de la propia fe en la humanidad.

Aun los creacionistas han de considerar la evolución. Pongo por ejemplo lo siguiente: desde el punto de vista católico se cree que el ser humano fue creado por Dios. Sin embargo, atenidos al mito de Adán y Eva, si se entiende como una verdad histórica, se tiene que aceptar que Caín y Abel se acostaron con su propia madre para poblar la Tierra. Es más sencillo aceptar una evolución natural del chango al ser humano en la que hubo un soplo divino y que Adán y Eva son sólo una parábola o una metáfora para entender la mano divina en la historia humana.

En fin, basta de prólogos, prolegómenos y proemios, quedémonos con la idea de que la evolución no se detiene y que ese es un hecho que no se puede negar. Sin embargo, miembros del equipo de investigación de este blog se han puesto a estudiar a un grupo de humanos que podrían ser la clave que los antievolucionistas (como este maestro) están buscando desde que Darwin saltó a la fama. Se trata de “los turistas”.

Desquiciantes, despreciables, embarazosos e inevitables, los turistas se pasean por nuestras ciudades como una plaga, destruyendo nuestros tesoros más valiosos, comiendo nuestra peor y más cara comida y acelerando –quizá sin que nos demos cuenta– la llegada del armagedón. Son ese grupo, y no los zombies, los que verdaderamente pueden contradecir a Darwin. Cargados de mapas y sombreros, están por convertirse en la prueba viviente (no como los zombis que, si llegaran a ser una prueba serían una no-viviente) de que el proceso evolutivo ha llegado a la cúspide y ahora vuelve sobre sus pasos, como si la humanidad fuera un triste Sísifo.

¿Cómo es que la existencia real de los zombis no pone en duda la teoría evolutiva y la de los turistas sí? Muy sencillo. En primer lugar, los zombis fueron antes humanos, por lo que podemos decir con seriedad y razón que un humano devenido en zombi es superior al humano desaparecido al morir, por el simple hecho de que le supera en tiempo sobre la faz de la tierra y porque ya fue (desde un punto de vista metafísico y también biológico) lo que es el otro. Se trata de un paso más allá: punto para la evolución. En cambio, un grupo de turistas representa un paso hacia atrás en el progreso de la inteligencia y de la voluntad, un regreso a la idiotez que se convertirá, en última instancia, en animalidad: punto para los antievolucionistas.

Desde estos argumentos, el clásico esquema de la evolución:



Podría entenderse ahora así:



Por si aún queda alguna duda, analicemos brevemente las facultades humanas que podemos encontrar en un zombi y en un turista, por método comparativo.

1. Inteligencia.
Los zombis saben lo que quieren. Su día comienza con la búsqueda de cerebros. Saben cómo buscarlos, se dirigen sin distracción hacia donde creen que puede haber uno y no descansan hasta que mastican materia gris. Su “vida” tiene una función (básica si se quiere) y todas sus acciones están dirigidas a realizarla.

Los turistas dudan, preguntan, van, regresan, pasan frente a lo que necesitan sin notarlo, compran lo que no necesitan sin notarlo y luego se emborrachan. Así sucesivamente hasta que es tiempo de volver a su país para trabajar y ganar dinero que usarán para viajar y regresar a su status quo de turista, que no es claro ni ventajoso.



2. Astucia.
¿Han intentado venderle un cerebro a un zombi? Es imposible.
¿Han visto a algún turista pasar de largo ante una “oferta”? Yo tampoco.
Creo que queda claro quién es quién en este rubro.



3. Apariencia.
En este caso, siendo objetivos, ambos lucen muy mal y se puede considerar un empate. Si bien algunos zombis fueron feos desde que estaban vivos, la muerte siempre trae consigo una especie de “suprafealdad” difícil de definir. No se sabe bien a bien qué los hace feos, si es la pus, el ojo colgante, las llagas o las piernas rotas, pero son feos (con la salvedad a priori del futuro zombi de Scarlett Johannson dentro de la primera semana postmortem). Los turistas no tienen pretextos tan válidos como decir “bueno, qué quieres, es que estoy muerto y tú sabes, si me peino me tiro el pelo y en la regadera todo se mancha de sangre…” Ellos se ven mal porque les da la gana verse mal. Aun así concedamos un empate.



4. Valor.
Enfrentar la muerte tratando de conseguir la finalidad de la existencia (un cerebro) no es nada fácil (y es acaso loable). Sobre todo si se trata de alguien que ya ha sufrido la muerte y se pone en peligro de sufrirla nuevamente, definitivamente. En contraposición, el turista se cruza la bolsa en diagonal, coge su cartera cuando se sube al metro, le dan miedo los barrios bravos y no aparece por las calles a media noche. Me parece clara la ventaja zombi.



5. Ubicación.
Nunca se ha visto a un zombi consultar un mapa. Asunto resuelto.




6. Movilidad.

Ha de ser complicado correr cuando el hipotálamo ha entrado en necrosis. Sin embargo, el turista tampoco corre. Suele ser gordo, enmaletado, flojo, despreocupado. Empate técnico (sin tomar en cuenta el handicap del rigor mortis y la falta de oxigenación).



7. Comunicación.
Si bien ambos grupos sólo son capaces de comunicarse en su propio idioma (dialecto o cualesquiera manifestaciones corporales) con seres ajenos a su grupo, los turistas tampoco se comunican entre sí. Todos llevan audífonos y tristemente permanecen en silencio (sobre todo las parejas de viejos y los jóvenes alemanes) observando cómo su café se enfría o su cerveza se calienta.



8. Aroma.
Ambos huelen a muerto. Eso, técnicamente, no es oler mal para un zombi.



9. Simpatía.
Nunca hemos escuchado la frase “everybody hates a zombie” en una canción de Pulp, ¿o sí? Tampoco hemos visto películas como “El amanecer de los viajeros japoneses” o “Touristland”. Aceptémoslo, son más cool.



10. Sensibilidad.
Si se entiende como empatía con el género humano y sus logros, gana el zombi. Si se entiende como mero desarrollo de los sentidos, también gana el zombi (¡pueden oler un cerebro o escuchar un ruido a kilómetros de distancia!).

He aquí el resultado del estudio en el que los miembros del equipo de investigación de este blog han estado ocupados durante los últimos meses. Dejamos, a manera de “take away”, un pequeño sumario gráfico para considerable atención y su amable divulgación.

abril 13, 2009

Arte Poop (Outside "The Factory" Mainstream).

No, esto jamás sucederá.



Una de las cientos de miles de razones por las que los perros son completamente desagradables, además del hecho de que la gente los trate como gente, es su excremento.

Apestoso, pegajoso, foco de enfermedades, el excremento canino se yergue como un objeto altamente reflexivo. Al verlo en cada esquina nos hace recordar nuestra futilidad y nuestro fugaz paso por la existencia. Pensar en él nos devuelve al hombre primigenio, al de Hobbes, que tiene miedo del tiempo, del espacio y de todas aquellas categorías del entendimiento que se pudieran inventar después de Kant.

El excremento de perro, esa roca de Sísifo, está por todos lados y es indudable que jamás lograremos deshacernos de ella. Ahora bien, si lográramos, por un momento, por un dulce y efímero momento, eliminar al menos alguna de sus inenarrables características, podríamos llamarnos con justicia filántropos.

Yendo en una dirección opuesta al "snobie" McCarthy, que ensalzó las impactantes características visuales de la mierda, he decidido deshacerme justamente de ellas. En otras palabras, si la mierda no se ve como mierda, quizá podamos olvidar que es mierda (y que está en la calle o en el jardín, porque los perros son así de idiotas y poco pudorosos).

Es por ello -dirían los nuevos "periodistas"- que hoy le presento a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales mi nuevo invento (por supuesto, si no fuera nuevo no sería invento), para su consideración.

Se trata de un implante tipo punta-de-duya-pastelera en forma de estrella, que debe ser colocada en el ano de los perros. Ilustraré lo que trato de decir:

Estas son imágenes de puntas de duya pastelera, para tenerlas en cuenta:





Este es un perro con la duya ya implantada:



¿El resultado? Sí, amable lector, usted lo tiene. Mierda en forma de estrella. Es sólo el comienzo y, permítame adelantarme y soñar, quizá un día podamos hablar de formas más complejas que alegren los jardines y las calles. Aquí un grosero símil de lo que podría llegar a ser.



Adelante, señor Secretario. Llámeme mañana en la mañana y discutimos el precio de la patente. También puedo conseguir quién cambie estos carteles:



Por estos otros:

octubre 14, 2008

DIETA SUSTENTABLE

Ante la inminencia del fin del mundo (dramatización) predicho por Al Gore (foto de archivo), no nos queda otra opción que intentar que todo, empresas, organismos no lucrativos, clubes, oficinas, familias y relaciones personales, etcétera, tengan un funcionamiento sustentable, tanto socialmente, como ecológicamente.

Esta titánica tarea es completamente imposible. No obstante, para crear una secreción cerebral de endorfinas conocida como tranquilidad de conciencia, podemos emprender un sinnúmero de tareas sencillas que, en conjunto, se convierten en una verdadera forma de retrasar lo inminente y otorgar así, a todos los seres humanos, unos minutos más de vida normal, antes de empezar a arrancarnos los brazos unos a otros para poder comer.

Un listado de estas sencillas tareas puede ser encontrado en otros blogs, jamás en éste.

Si continuaste leyendo o picaste el link y regresaste al principio pero la segunda vez que llegaste hasta este punto ya no picaste el link, te ofrecemos una forma innovadora y sencilla de ayudar a postergar el fin del mundo.

Lo llamamos (estoy usando el royal "we", you know, "the editorial..."): DIETA SUSTENTABLE.

Todos sabemos que la acumulación de basura no biodegradable en la superficie de la tierra es uno de los principales problemas ecológicos del momento. ¡Lo que podríamos ayudar si no generáramos basura inorgánica! Nuestra solución es sencilla. Consiste en una simple dieta sui generis:

LECHE DIETÉTICA (Envase de cartón)


DULCE DE GUAYABA (Envoltura de celofán)


BARRA DE CHOCOLATE (Envoltura de papel)


YOGUR SIN CALORÍAS (Envase de plástico con tapa de papel aluminio)


Cada vez que comas algo que tiene una envoltura o un envase no biodegradable, cómetelo con todo y envase o envoltura. Así, cuando vayas al baño, estarás generando mierda multicolor, que, señoras y señores, ¡es biodegradable!

agosto 08, 2008

YOU'RE BEING VERY UNGANDHI, MAN!

Regresaron las encuestas al blog. En este caso, una muy reflexiva. Y aunque la participación ciudadana -término en boga (en boga de todos)- no fue particularmente abrumadora, los votos que hemos recibido (estoy usando el "royal we") nos llevarán inevitablemente a convertir el blog en un blog de filosofía analítica.

En parte me siento mal por volver a mis raíces ya negadas varias veces, hasta en el nombre de este blog. Pero la democracia es la democracia, y aunque no creo en ella (¿quién vota por que la democracia no sirve?), nos rige autoritariamente (..!).

Pero antes de despedirme del glamour del blog desenfadado y comenzar a ahondar en el siguiente tema ("La noción de 'oración verdadera' desde la óptica de Donald Davidson, una reflexión"), quiero escribir una última entrada quejándome de lo que tengo de moda odiar en estos días: la publicidad.

Alguna vez habrán visto las famosas carteleras de librerías Gandhi por las calles. Sencillas, amarillas, tipográficas. Como éstas:





Por dios. Las odio y odio a todos los idiotas que las consideraban buenas. Todas las ejecuciones se basan en el estúpido argumento de ofender a la gente para ver si así me compra. Hay que ser idiota para intentar vender libros (o plantas o teléfonos o mierda) insultando a la gente. A lo mucho se podría llegar a vender libros de autoayuda haciendo sentir mal al consumidor. Buy me out of anger.

Además, la actitud, el espíritu de la campaña, alimenta la idea de que tener cierta cultura te da derecho a ser arrogante. Cultiva la soberbia intelectual (un concepto que debería ser un oxímoron).

Pero lo peor de todo, es que la redactó una persona que trabaja en una agencia de publicidad. Hermano, eres redactor (o creativo o como te hayas puesto en tu tarjetita), ¿qué sabes de literatura? Leer cómics no es propiamente leer... si estuviera en Estados Unidos, estaría diciendo "Dude!"; pero como estoy en México, sólo diré: "man!"

Walter Sobchack le diría a este sujeto: "Your'e beeing very un-Gandhi, man".

En fin, me queda el gusto de que incluso dentro del gremio de publicistas con tenis de colores esta campaña es percibida cada vez como peor. Y que cuando fue más comentada, sólo aspiró a premios publicitarios. Es decir, a premios de esos que sólo los publicistas (0.1% de la población mundial) consideran importantes.

Si alguna vez llegas a este blog, redactor de Gandhi, considera esta propuesta como una opción:

julio 25, 2008

FOBIOSOFIA / Fúmense esto

¿Creciente problema de salud mundial? ¿Boicot asiático a las tabacaleras trasnacionales norteamericanas? ¿Método para medir el poderío de los gobiernos con respecto al control de masas? Tal vez el mundo nunca lo descubra. Eso y de qué está hecha la longaniza.

Lo que sí es evidente, es que el mundo entero nos grita en la jeta a los fumadores que somos idiotas, indeseables, acerebrados o, de menos, molestos, "incómodos de ver" (frase proferida por mi hermana refiriéndose a mi humanidad cuando, de joven, me paseaba en calzoncillos por la casa de mis padres).

Campañas publicitarias contra el tabaquismo pululan y aparecen a izquierda y derecha en todos los espacios posibles desde Canadá hasta Texas. Y ahora también en México, Centroamérica y Sudamérica. Una tendencia lamentable. Y lamentablemente mundial. Aquí algunos ejemplos de estas piezas publicitarias que pretenden terminar con la bonita tradición de fumar, principalmente evitando que el futuro del mundo, los menores de edad, fumen.





Por cierto, todos los esfuerzos de comunicación están basados en frases que comienzan con "estudios recientes indican que", por lo tanto, ineludiblemente contienen rasgos de verdad irrefutable. Estamos perdirijillos. Por esos "estudios recientes" y porque (ya lo dijo Homero Simpson) "lo dijo la TV". Y cuando la TV dice algo, hay que creerle. Si no, ¿a quién le creemos?

Pero hay países que se rehusan. En Francia hay lugares como este:



Bares en los que no sólo se puede fumar, sino que casi es una obligación. En las palabras de Rósental: "¡Bien, nene!".

Y sorprendentemente también en Guatemala se está trabajando por conservar esta tradición. Y qué mejor manera de conservar una bonita tradición que comenzar por educar a los más pequeños a que la practiquen. Por eso, una tabacalera local vende desde hace tiempo (supongo) unos cigarrillos llamativos para los niños. Se llaman "Payasos" y tienen el tierno dibujito de un payaso (muerto, pero qué más da) impreso en la cajetilla. Además, para incrementar el appeal, el papel de las boquillas tiene sabores dulces. Sí, amable lector, tuve la suerte de probar uno de esos cigarrillos ayer y sí, efectivamente el filtro sabe a caramelo. El sabor del tabaco tiene mucho carácter (si podemos llamarle carácter a que le fumas y sientes en la garganta un disparo de químicos). No conseguí la imagen de la cajetilla, pero les comparto una de un cigarro. Como siempre, hagan click en al foto para verla más grande y prendan ese cigarro que se les antojó desde que empezaron a leer. Congratúlense unos a otros de que en México las grandes trasnacionales paguen una buena lana para seguir vendiendo cigarros a todas las familias mexicanas a precios módicos. Y que, además, no sepan a Payasos:

junio 14, 2008

FOBIOSOFIA / fiesta o reunión, una consideración etílica

En días recientes, un comité fue nombrado por el consejo de este blog para investigar un tema de suma importancia. Se le encargó al comité llegar a las últimas consecuencias o a las primeras causas, dependiendo la dirección que decidieran tomar para comenzar la investigación, y hacernos saber con exactitud cuáles son las diferencias que existen de facto entre una fiesta y una reunión.

Lo anterior sucedió en el marco de las festividades del blog por haber alcanzado la impensable cifra de tres mil visitantes. El objetivo final es obtener las bases suficientes para convocar a una fiesta o a una reunión, según los resultados recomienden, para dar un cerrojazo emotivo a los festejos.

He aquí el documento entregado por el comité después de varios meses de investigación que llegaron a su fin acompañados de, además de resultados concluyentes, varias visitas al hospital y fuertes resacas sufridas por cada uno de los elementos del grupo. Incluso se estudió la opción de cambiarle el nombre de comité a vomité. El documento ha sido debidamente resumido y únicamente se les presenta lo importante, la carnita, vamos, para hacer todo más liviano. De cualquier forma, estamos a sus órdenes para hacerles llegar el documento completo toda vez que así lo requiera cualquiera de nuestros lectores. Lo dejo a su consideración, amable lector número 3001.

Estimado consejo.*

Resultado de varios meses de estudios de campo, el comité encargado de encontrar las diferencias entre fiesta y reunión, ha llegado a las siguientes conclusiones.

CONSIDERACIÓN PREVIA QUE DOTA DE SENTIDO A ESTA INVESTIGACIÓN.

1. Las fiestas y las reuniones no sólo se diferencian en el nombre. La clasificación nominal responde a, por lo menos, una discrepancia en su desarrollo, preparación y momento culminante. El objetivo de la investigación es encontrar esa diferencia.

SIMILITUDES QUE FUERON DESCARTANDO HIPÓTESIS PREVIAS.

1. Tanto las fiestas como las reuniones pueden ser celebradas en diversos recintos que van desde casas y departamentos, hasta playas, albercas, jardines o discotecas. POR TANTO, La diferencia no es el lugar en el que se celebra.

2. Si en una fiesta no hay alcohol, no se le puede llamar fiesta. Lo mismo sucede con la reunión. POR TANTO, la diferencia no es la presencia de bebidas embriagantes.

3. La música pude variar, pero existe un tipo de música que va mejor con cada momento de la fiesta o la reunión. Comúnmente se comienza con canciones de The Cure y de Interpol, por ejemplo, y se culmina con salsa o regae, dependiendo de la presencia o ausencia del cannabis. POR TANTO, el tipo de música no constituye una diferencia por sí misma.

4. El código de vestimenta varía según el clima, el recinto y el nivel de bananaje, pero esto sucede igualmente en una fiesta o en una reunión. POR TANTO, la ropa no es la respuesta que buscamos.

5. Hay diferentes tipos de bebida en cada reunión y en cada fiesta, pero las municiones (in the parlance of our times) sólo varían según el gusto de los asistentes. Los recipientes pueden ser de vidrio, de unicel o de plástico rojo. Se recomienda el uso de los últimos, pero no depende de este factor la diferencia esencial que buscamos. POR TANTO, los vasos y los géneros de bebidas no son la diferencia.

Para una mejor ilustración de lo que es una reunión, véase la figura 1.

(Dar un click en la) FIGURA 1



En la figura 2 se muestran ejemplos de fiestas exitosas.

(Dar un click en la) FIGURA 2



DIFERENCIA ESENCIAL O CONCLUSIÓN.

Echando un vistazo a ambas figuras, se puede ubicar con relativa sencillez la diferencia que el comité encontró después de esta terriblemente ardua investigación.

La diferencia entre una fiesta y una reunión radica únicamente en la posición de los invitados. Si todos se encuentran sentados, se trata de una reunión. Si se encuentran de pie, estamos frente a una fiesta.


El comité agradece la confianza del consejo para el encargo y el desarrollo de esta investigación. Añadimos, a manera de colofón, la fotografía de una especie nueva que se encontró asistiendo constantemente a fiestas y reuniones. Ojalá se considere para investigaciones futuras.



*Nótese que el comité no nos llama "honorable consejo", como se estila protocolariamente en estos casos, sino únicamente "estimado consejo", por cuanto se nos profesa cierto afecto aunque no nos consideren lo suficientemente serios ni respetables.

mayo 28, 2008

FOBIOSOFIA / medidas legislativas extremas

La delincuencia no cesa. La cantidad de criminales crece exponencialmente todos los días. En algún momento cercano, habrá más delincuentes que víctimas y será muy complicado determinar, en cada caso, si una persona merecía o no sufrir un crimen. Los juicios serán multitudinarios y estarán llenos de recovecos fruto de las declaraciones de cada uno de los involucrados que, a su vez, desatarán más cabos para la investigación. Será un infierno legal. Será el final.

Una utópica y malísima película joliwudense llamada MINORITY REPORT explora una imposible solución a este problema que se nos viene encima. Mediante tecnologías absurdas, los gobiernos se vuelven capaces de predecir la actuación de una persona en una determinada situación. Con esta información, pueden arrestar a la gente antes de que cometa un delito.

Si bien es imposible determinar el futuro, no es imposible determinar el grado de estupidez de un individuo elegido al azar. Hay pruebas, exámenes, signos claros y abrumadores de su capacidad intelectual.

Mi propuesta legislativa, que con suerte llegará a oídos de alguien que pueda hacer que se debata en los estudios del afamadísimo y cubierto de rating CANAL JUDICIAL, consiste en condenar la estupidez. Esto es, dictar penas para los estúpidos, legislar para convertir la estupidez en crimen.

De esta forma, y dado que la gran mayoría de criminales son estúpidos (por lo menos en la Ciudad de México), podríamos mejorar el nivel de vida de los citadinos y convertir esta ciudad, esta vez de verdad, en la ciudad de la esperanza. Claro, siempre y cuando el señor Ebrard y las cabezas del poder legislativo pasen, a su vez, la prueba de la estupidez.

Con cada vez menos criminales en la calle, el sistema legal encontrará un respiro, tiempo suficiente para poder dedicarse a la profesionalización de todos aquellos que lo componen. El poder judicial se haría cada vez más fuerte y confiable, de forma que cada día resultará más estúpido cometer un crimen.

Un círculo virtuoso increíble.

He aquí la historia del primer afectado por esta hipotética ley: click aquí.