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marzo 26, 2012

Pase de abordar hacia otro tiempo.



Mucho se ha hablado de “la paradoja del abuelo” cuando se especula acerca de los viajes en el tiempo. Consiste, en breves palabras, en lo siguiente: una persona viaja en el tiempo –hacia el pasado— y mata a su abuelo. Como está previsto por la ley natural, desaparece enseguida, puesto que ni su padre ni él podrían haber sido concebidos si el abuelo estuvo muerto antes de procrear. Sin embargo, al desaparecer, desaparece también la posibilidad de que alguna vez haya viajado al pasado y haya asesinado a su abuelo, por lo que el pasado se reordena y él reaparece de inmediato, dispuesto a viajar al pasado una vez más. En otras palabras, el viajero queda envuelto en un bucle que lo lleva eternamente de la existencia a la no existencia y viceversa. Se convierte en una especie de gato de Schrödinger, vivo y muerto al mismo tiempo (explicación gráfica, click aquí). Esta paradoja, se dice, aparece por primera vez en El viajero imprudente, novela francesa del año 1943.



Fry, protagonista de Futurama, resuelve la paradoja de manera incestuosa y sorprendente en uno de los capítulos más memorables de la serie. Al asesinar a su abuelo (por equivocación) y no desaparecer, se convence de que ese señor no era realmente su abuelo y accede entonces a las invitaciones sexuales que le había estado asestando quien aparentemente era su abuela. Fruto de su relación sexual, aquella mujer queda embarazada de quien, a la postre, será el padre de Fry. Es entonces cuando se da cuenta de que el hombre al que asesinó, en efecto, nunca fue su abuelo, pero su viuda, sin embargo, siempre fue su abuela: él mismo es –siempre ha sido— su propio abuelo.

Todo esto me ha llevado a reflexionar sobre algunas consecuencias que tendría un eventualmente posible viaje a través del tiempo. Aquí algunas consideraciones.

1. No podremos viajar al pasado porque no podemos hacerlo ahora ni hemos podido antes.

La prueba más fehaciente de que nunca lograremos viajar al pasado es que no hay registro alguno de un viajero en el tiempo que nos haya visitado desde el futuro. Es así de simple, no podemos decir que quizás en el futuro sí podamos viajar en el tiempo porque eso implicaría que ya podríamos hacerlo desde hoy (con ayuda de un visitante del futuro) y que hubiéramos podido hacerlo desde siempre. El tiempo es un bloque al que llamamos, dependiendo de nuestro punto de vista, pasado, presente o futuro.

[A mí en lo personal me gustaría viajar al subjuntivo en lugar de ir al pasado, pero esa es una consideración que no debe trascender mi diario personal, así que hasta aquí la dejo.]

2. ¿Por qué preferiríamos viajar hacia el pasado?

Estoy dando por sentado que a la mayoría de la gente le interesaría más viajar hacia el pasado que hacia el futuro. Esto es porque todos sabemos bien lo que es viajar hacia el futuro: la vida no es sino un largo viaje en el tiempo hacia el futuro, a una velocidad de un segundo por segundo, como leí alguna vez en un tweet.



3. La ilusión óptica de Supermán.

En efecto, para viajar al pasado se tendría que viajar en sentido contrario y más rápidamente que la luz, la constante más importante de la ecuación entre tiempo, espacio y velocidad. ¿Por qué la luz es la más importante? Porque el tiempo es la medición del movimiento de la luz; el espacio es la condición de posibilidad de ese movimiento y la velocidad no es sino una relación básica entre tiempo y espacio. Este viaje, sin embargo, nos llevaría a algún sitio (geográficamente) distinto al que estamos, a menos que decidiéramos movernos en círculos, como Supermán cuando dio vueltas a la Tierra para hacerla girar en reversa. Es prudente decir aquí, tangencialmente, que Supermán quizás no hizo girar la Tierra al revés, sino que sólo hizo que pareciera que eso sucedía, gracias al contraste con un cuerpo que logró viajar más rápido que la imagen de la Tierra girando correctamente. En fin, a todo esto tendríamos que saber antes cuál es la dirección opuesta a la que lleva la luz. Yo, personalmente, no tengo maldita idea.



4. Si no sabemos cuál es la dirección opuesta a la que lleva la luz al viajar, el viaje tendría que hacerse hacia el futuro, pero eso también es complicado.

El tiempo que nos llevaría un viaje hacia delante (del tiempo), digamos, un día, es decir, que viajáramos a un futuro que está 24 horas delante de nosotros, dependería de la cantidad de velocidad con la que lográramos exceder la velocidad de la luz. Por ejemplo, si llegamos a viajar a una velocidad de 300 001 kilómetros por segundo (un kilómetro por segundo más rápido que la luz), tardaríamos millones de segundos en adelantarnos a la luz una hora. Si llegáramos a duplicar la velocidad de la luz (lo que impl1icaría una dieta rigurosísima que nos dejara con una masa corporal que equivaliera a la mitad de la que tiene un fotón), tardaríamos media hora en viajar una hora al futuro. Y yo no sé a ustedes, pero me parece demasiado esfuerzo para tan poca recompensa. Sobre todo lo que respecta a la dieta.



5. Aeropuerto de salida y aeropuerto de llegada.

En fin. Imaginemos que todo esto es posible y que sí, algún día se logra viajar al futuro en una máquina que no necesita avanzar como el Delorean de Back to the future, una máquina tan estúpida y fea como las bicicletas de gimnasio. ¿Qué pasaría sí viajamos doce horas al pasado? Pasaría que apareceríamos en China. Y si viajamos sin movernos con destino a seis meses en el pasado, probablemente apareceríamos a la mitad del espacio, porque la Tierra ya estaría al otro lado de su órbita.

[Lo propio será terminar esta disertación en texto alto con una oración en presente]

Me siento muy desilusionado y aquí, ahora, se me terminan las ganas de seguir pensando en esto (pero les dejo a Hipster J. Fox)

enero 31, 2012

La realidad existencial del hubiera.



“A veces estamos demasiado dispuestos a creer
que el presente es el único estado posible de las cosas”.
Marcel Proust.


“Vive el presente intensamente, es lo único que verdaderamente existe.” Este es el argumento de venta de una buena cantidad de campañas de publicidad y una forma astuta de resumir capítulos enteros de la literatura del silogismo tópico y la profundidad instantánea.

En realidad el presente es lo único que no existe.

Me explico. Desde el punto de vista epistemológico es muy claro, aunque muchos piensen que la epistemología (o teoría del conocimiento) es una disciplina demasiado teórica que siempre ha servido para esconder la escandalosa evidencia de la práctica con trucos mentales… En cierta forma sí lo es. Ni modo, así es la retórica. En fin, pensémoslo con calma. Cada sensación, al hacerse consciente, ha comenzado a formar parte del pasado –aun siendo una sensación continua, porque la idea o imagen de la sensación que hacemos consciente ya no es continua—. Por otro lado, cada pasión generada por las sensaciones vitales se formula en nuestro interior como un deseo, un anhelo, una voluntad, o simplemente como “unas ganas estúpidas de”. Por tanto, el motivo de la voluntad, lo que mueve al cuerpo a la percepción consciente, está siempre en el futuro.

Por eso, en mi opinión, comer cochinita pibil (o mantener una relación sexual o cualquier otra forma del placer) es un constante vaivén entre el recuerdo más reciente y el deseo más próximo.

El presente, esa moneda tan corriente en los libros de autoayuda y en las filosofías de paperback, es tan inasible como las partículas subatómicas. Heisenberg sonríe. O sonrió. O sonreirá. Basta intentar colocar el ojo en el presente para que ya haya desaparecido (el presente o el ojo, uno de los dos). ¿O está ahí y el ojo es imperfecto? Puede ser. Quizá no estemos acondicionados para mirar, tocar, oler o probar instantes. Mi opinión es que las cosas son así de fáciles. Nuestro cuerpo (quizá aun nuestra alma) no está diseñado para reparar en el instante: no podemos vivir el presente porque siempre se nos escapa.

Pero no es el fin del mundo. Al revés, es apenas el comienzo. Peores cosas que el presente se nos han escapado. A mí me gusta entender la asimilación de esta verdad como una liberación del peso constante que acostumbramos llevar sobre las espaldas: la responsabilidad de estar haciendo lo correcto. Al diablo. La vida es muy larga, no tienes que vivir cada instante intensamente (entre otras cosas porque no se puede).

El pasado, querido amigo, ese sí que existe. Atestigua su propia existencia todo el tiempo: pesa, condena, reprime, enorgullece o determina. Siempre está ahí.

¿Y el futuro? El futuro viene a nosotros en forma de deseo o de temor, de esperanza o de preocupación. El futuro es nuestra razón para vivir, más importante que la vida misma. Más nos vale que exista.

Y entonces aparece “el hubiera”. Alguien en el fondo de la sala gritará “¡el hubiera no existe, güey!” Y, si la justicia poética existiera, desaparecería dejando una estela de polvo óseo para beneplácito de todos los demás.

El hubiera no sólo existe, sino que es una de las ideas que posee más peso existencial en la historia de la humanidad. Es fértil, tiene la semilla del ser dentro de sí, preparándose para reventar alguna vez y dar paso a mundos imaginables (siempre imaginables).

El hubiera es esa forma verbal mayúscula, madurísima, que sabe que el presente es una ilusión, que nunca deja de ver el pasado –porque siempre que se usa se refiere al pasado (“hubiera dicho que sí”, “hubiera venido más temprano”)— y que siempre alude a la posibilidad, que es la madre del futuro. Es el tiempo verbal perfecto, "más que perfecto" (pluscuamperfecto) para ser exactos, del modo subjuntivo. Es la forma en la que la existencia se expresa en grado mayor, en la sublimidad de la sutileza mental. Es el tesoro del sibarismo intelectual.

El hubiera sirve para aprender, para no cometer el mismo error más de una vez como si fuéramos animales: “hubiera salido con paraguas, la próxima vez lo haré”, “me hubiera quedado quieto en lugar de meter los dedos al enchufe”, “hubiera dejado que los judíos vivieran en paz en Berlín”. Es la piedra angular del progreso.

El hubiera sirve también para imaginar, para crear: “si hubiera aquí un puente”, “si hubiera una forma de comunicarme con alguien de otro continente”, “si hubiera una pareja de amantes de familias enemigas en Verona”, “si hubiera una forma de ver una figura desde varios ángulos al mismo tiempo”, “si hubiera un lugar en La Mancha en el que…”

Al ser una herramienta (verbal, lingüística), el hecho mismo de servir le dota de existencia, de perfección en la existencia, de sustancia (para sonar más clásico que Bowie).

El hubiera niega el presente, reafirma su inexistencia. Pero, en compensación (grave, grande, deliciosa compensación), nos ofrece la posibilidad, que es la condición más necesaria para el movimiento, para el crecimiento (que es una forma de movimiento), para la creación y para la esperanza. El hubiera vuelve la vista atrás y luego la coloca hacia delante. Es nuestro rasgo más humano, es lo único que existe.

Si tan solo hubiera más gente que creyera en él…

abril 28, 2011

Redundancia laboral.

World Trade Center,
México D.F.
20:46 horas.

Me dirijo, después de ir a ver una película que no vale la pena mencionar aquí, hacia el automóvil estacionado cuatro pisos por debajo del nivel del suelo. Una feliz coincidencia me coloca frente a una máquina de prepago.

Me formo, cuento las monedas, hago una resta mental para obtener el total a pagar antes de que lo informe la pantallita. Sí, le gané. Sí, era correcta la suma que pensé, también pensé que era hiperbólica.

Elevador abajo, me subo al auto y, al salir, me encuentro con una estrecha casetita de cobro a la altura de la pluma de salida. Dentro de ella, un hombre (aunque parecía que más bien se la habría puesto como se pone una chamarra, apenas cabía ahí). Olor a vaho y café, un cigarro en la boca. Yo, confundido ante el brazo estirado del caballero esperando recibir mi boleto, le pregunto para qué lo quiere. También le indico que ya lo pagué. Me mira cansado, no contesta, fuma sin tocar el cigarro con la mano. Revisa el boleto y lo introduce en la ranura correspondiente. La ranura estaba también al alcance de mi mano. Incluso hubiera sido más fácil que yo metiera el boleto ahí. Él tuvo que sacar la mano, doblarla improbablemente hacia atrás -mostrando a la vez que sus articulaciones funcionaban perfectamente a 360 grados- y atinarle sin ver al orificio alargado. Acto seguido, la pluma sube y yo salgo. Me quedo pensando que, así como las máquinas se vuelven obsoletas después de algunos años, las personas también pueden volverse obsoletas después de algunas máquinas.

-¿Estudias o trabajas?
-Trabajo.
-¿En dónde?
-En un estacionamiento.
-¿Lavas coches, echas aguas, vigilas?
-No. Estoy en la caseta de cobro de lunes a sábado de las 16 a las 24 horas.
-Ah. ¿No hay máquinas de prepago?
-Sí.
-Mh. Entonces tú no cobras. ¿Qué haces de 16 a 24 en la caseta de cobro?
-...

Entiendo que la falta de empleo en este país se agudiza cada año. Entiendo que a veces hay que hacer lo que sea para ganar unos pesos. Entiendo que el señor dueño de ese estacionamiento está intentando fomentar el empleo, crear nuevas plazas. Pero creo que hay que establecer ciertos límites.

Es algo típico en México. La redundancia laboral. En una esquina en la que hay un semáforo en funcionamiento, encontramos un policía avalando las decisiones de ese poste con focos. Dentro de un elevador con botones para abrir y cerrar las puertas y un botón por cada piso, a veces encontramos a un señor que se dedica a apretar los botones. En el baño de las bodas hay un tío que saca las toallas de papel de su dispensador y te las da. En la esquina un chavo te limpia el parabrisas ignorando el hecho de que tu auto tiene unas plumas que van y vienen sobre el vidrio para limpiarlo. En fin.

Al señor de la casetita de cobro del estacionamiento le dejo aquí tres ideas de funciones en caso de perder su empleo por meter un boleto al revés, quemar con su cigarro a un cliente o simplemente porque un día que haga frío se ponga una chamarra y ya no pueda entrar a su cubículo.

Señalización en 3D.



Columna.



Tope indicador.

junio 05, 2010

Vegan-Cannibal

"Esa noche entre tus brazos caí en la trampa.
Cazaste al aprendiz de seductor."
José José


El mismo Dios amenazó a los israelitas con la obligación de comer humanos si se atrevían a desobedecer sus leyes.

Ser un caníbal no es una condición elegida, fácil de sobrellevar ni mucho menos divertida. Más allá de la dificultad para cazar a las presas, los problemas de colesterol elevado, obesidad e incluso la predisposición a la diabetes mellitus son sólo algunas de las preocupaciones con las que un caníbal cualquiera tiene que lidiar todos los días.

Muchos se imaginan que la vida de un caníbal cuando no está sentado a la mesa puede ser de lo más normal. Nada más alejado de la realidad. Un caníbal se levanta en la mañana y tiene que meterse en una oficina llena de colegas que son, en realidad, su potencial cena del jueves por la noche. ¿Podéis imaginar un día en vuestra oficina si en lugar de jefe tuviésen una pizza humeante y sentado a un lado suyo estuviera un filete de 83 kilogramos tecleando en el ordenador?

Cuando conocí a Francisco X., a quienes sus amigos más cercanos conocían como Taco (no Paco), me esperaba recluído en un rincón de su habitación. Su cuerpo, cadavérico, dejaba entrever que el muchacho llevaba varios días ingiriendo sólo líquidos, a saber, orina y sangre humanas.

"Optar por el vegetarianismo fue una decisión complicada", me dijo. "No sólo la tomé por cuanto la consecusión de mi alimento diario era severamente cuestionada por las autoridades de mi comunidad, sino más bien por consideraciones alrededor de mi estado físico".

Un día regresó del laboratorio con los resultados de una química sanguínea de 23 elementos bajo el brazo, dentro de un sobre. Al llevarla con su doctor, el rostro con el que el galeno examinó el documento le hizo saber que algo andaba mal. El joven caníbal estaba al borde de la aterioesclerosis. Sus niveles de colesterol y de ácido úrico estaban por las nubes. "Y era entendible -me dijo- no somos vampiros europeos que pueden andar seleccionando a las víctimas más esbeltas y bien alimentadas. En Centroamérica la cosa es más complicada". Es sabido que la buena alimentación de un caníbal no depende sólo de él, sino también de los hábitos alimenticios de sus víctimas.

Y ese mismo día, al caer la noche, después de refinarse un pozole de pierna, decidió convertirse al vegetarianismo.

Guardemos una pausa, querido lector, para reflexionar acerca de las consecuencias de una decisión alimenticia que, para el joven Taco, fue más bien una decisión existencial.

(Pausa textual)

Eso sí... Eso no... Aquello, quizá... Hum, eso definitivamente es un punto interesante para la reflexión.

Excelente. Gracias por el ejercicio, querido lector.

Ahora publicaré, por primera vez, un fragmento de la nueva dieta que Francisco ostenta orgulloso en su refrigerador, sujetada no sin ironía por dos imanes con formas de fémur y costillas BBQ, respectivamente.

- Palmitas a la plancha.



- Plantas revueltas con hongos.



- Tallo (cerebral) en escabeche.

agosto 16, 2009

Ironías apocalípticas.

Es evidente que el mundo está llegando a su fin (dramatizacion). Según los mayas, nos quedan algo así como 3 años para escribir en un árbol, tener un libro y plantar un hijo -de preferencia en Giselle Bündchen. Según Al Gore nos quedan 14 minutos y según Mausán, sólo hay que apurarse a construir departamentos en Marte. Stephen Hawking está tranquilo -o al menos eso parece al verlo- porque tiene un portal a otra dimensión en el tercer cajón de su mesita de luz. Y los seguidores de Nostradamus han comenzado una campaña de odio contra Obama, para evitar que se trate del negro que habrá de unificar al mundo unos minutos antes de que termine.

Fuera de estas interesantes y contradictorias teorías, la verdad es que no sabemos cuándo terminará el sufrimiento en realidad, lo único que nos queda por hacer, además de resignarnos y esperar con la pata entre las colas, es evitar que alguno de los siguientes eventos tenga lugar. Se trata de ironías que, según varios científicos de diferentes latitudes, podrían alterar el devenir eterno de los tiempos y los lugares con consecuencias nefastas y definitivas en el orden actual de las cosas (o cosmos, como se le conocía en Grecia). Presento un resumen escueto de la...

Teoría de la terminación del mundo mediante cinco aparentemente insignificantes ironías.

Si usted pretende no ser el culpable directo de la terminación del mundo, sirvase:

a) Evitar a toda costa que el jefe de una Consultoría de Franquicias estreche la mano del jefe de una Franquicia de Consultorías (Ref. Pollo).



b) Evitar que una drag queen mire pornografía para machos.



c) Evitar a toda costa buscar la palabra "Google" en "Google".



d) Evitar meter al refrigerador un horno de microondas encendido.



e) Evitar tomar un Imodium disuelto en laxante.



Y ahora que termino de escribir esto, pienso que otra causa del fin podría ser publicar estas ironías secretas, así que me las guardaré para mí y para los científicos que llegaron a ellas.

(Me levanto de la computadora, llega un amigo)

AMIGO: ¿Qué haces?
YO: Escribiendo algo que jamás deberá ser publicado.

(Voy al baño, mi amigo se acerca a ver lo que escribí. Salgo del baño, él tiene la mano en el mouse...)

julio 10, 2009

Internet error number 001

El equipo de investigación de este blog -conformado por un gato siamés (o dos, no lo sé), diputados de la bancada perredista y becarios de la Escuela de Gastronomía Maya- fue consignado con una PyME (pequeña y mediana empresa) terriblemente estéril que consistía en investigar, con métodos estandarizados en Berkeley, California, el origen de nuestros constantes naufragios en la "navegación" de la red.

En efecto, cada vez que -y murphycamente sólo cuando- estamos interesados en visitar una página específica, un mensaje que nos indica que se ha cometido un error de índole diversa nos impide ver los contenidos deseados.

Los errores en internet, catalogados y numerados seguramente por algún "geek" al comenzar los años noventa, son más de los que podemos imaginar. Sin duda nos ha sucedido: la página está muy ocupada, el servidor no responde, el firewall nos impide llegar a la dirección pretendida, la señal de internet es laxa, en fin. Aquí algunos ejemplos.















De inmediato algunas cuestiones nos rondan la cabeza. Si intentar ver una página prohibida es el error número 403, ¿cuál será el 402? Y yendo más allá, ¿cuál será el error número 1? Esta última fue precisamente la duda primigenia que propició la investigación.

El equipo se puso en marcha. Tecleó direcciones inexistentes, intentó penetrar la red interna del gobierno chino, buscó en Google páginas con temáticas desgarravestiduras y escandalosas, intentó navegar con una tarjeta BAM de Iusacell, en fin. Se intentó una cantidad insospechada de estupideces. El error número 1 no apareció.

Abatido, el director general del equipo de investigación y diputado plurinominal del distrito XXV, se retiró el viernes a su curul a descansar (porque ahí duerme todos los días de 8 a 4 de la tarde). Poco más tarde se fue a una fonda a comer. Ahí pidió la sopa de pasta y, al tratar de pensar en el contenido de una página que alguna vez visitó, en un episodio con reminiscencias euclidianas, encontró la respuesta final a su investigación:



Él no gritó "Eureka", porque no habla griego, pero sí se puso muy contento y vino directamente a la redacción de "Fobiosofia" a comunicar sus resultados previa documentación gráfica.

marzo 14, 2009

El infinito desde el punto de vista del márketing contemporáneo

I guess that's the way the whole durned human comedy keeps perpetuatin' itself. The Stranger. The Big Lebowski, 1998.

La maquinaria social avanza, destroza, se especializa. Y la especialización significa, en ciertos ámbitos, futuro, evolución y aun perfeccionamiento social. Sin embargo, en otros ámbitos puede llegar a significar estupidez, nimiedad y banalismo.

En últimas fechas han surgido cursos, conferencias, maestrías y expos, que son tan específicas como inútiles. Y mientras veo que la cosa va cada vez peor, sólo espero que algún día hagan una EXPO JOSEMARÍA, donde ofrezcan todo lo que a mí se me pueda ofrecer en la vida. Calculo que en un par de décadas sucederá. Quizá antes.

Mientras tanto, caminando por la calle lateral del WTC, Juan Picas se encontró con una expo muy particular. La "EXPO EXPO, todo para su expo". Los resultados fueron borgesianamente interesantes.



Picas se dijo "tengo que entrar a esta EXPO" mientras entraba a esa EXPO. Luego se dijo "tengo que decirme internamente las cosas antes de hacerlas, no mientras las hago, de esa forma me van a servir de algo mis soliloquios internos".

Cuando se dirigió al escritorio de registro, notó algo muy extraño. Las personas que atendían ahí no se movían en absoluto. Habló, gritó y, por fin, golpeó a uno en la cara pensando que le estaban aplicando la ley del hielo, cosa que le molestaba sobremanera desde la primaria. No, no le estaban ignorando a propósito, sino que Juan estaba frente a un modelo de escritorio de registro, que estaba en exposición como parte de la EXPO EXPO. El sujeto al que golpeó en la cara era meramente un maniquí. Detrás, estaba el escritorio real.



Lo primero que pensó que encontraría en EXPO EXPO era una serie de módulos que ofrecían posibles locaciones para organizar una expo. Pero no, la logística era diferente. Preguntó y le dijeron dónde se encontraban dichos módulos. Aquí el croquis que recibió:



En una inteligente jugarreta estratégica, los organizadores del evento colocaron los stands lejos del alcance de los asistentes, para no tener competidores directos. "Bien pensado" pensó Juan (ya vamos viendo que Juan Picas es un pensador activo y reflexivo con un IQ sorprendente).

En fin. Continuó su camino. Lo siguiente medianamente interesante con lo que se topó fue un stand que vendía stands para expos. Se veía así:



Se acercó, intrigado, a ver el modelo de stand. Una réplica en miniatura del stand en el que se encontraba la misma réplica. Obviamente, los dueños de la compañía de stands usaron un stand de propia manufactura para ubicarse. Juan miró con detalle. La réplica era perfecta, pero demasiado pequeña. Entonces le preguntó a la persona que atendía ahí: "¿No hubiera sido suficiente colocar el stand original y mostrarlo?" El dependiente se quedó perplejo (era el director de márketing de la compañía de stands) y, después de pensar varias cosas al mismo tiempo -cosa que nunca le había sucedido justamente porque trabajaba en márketing- sufrió un ataque nervioso que derivó, tres segundos más tarde, en un colapso terminal de su sistema nervioso y en la consecuente explosión de su cabeza. Juan se quedó pensando en que quizá lo que detonó la explosión fue que el susodicho alcanzó a pensar claramente -en esa maraña de nervios en que se había convertido- en el precio que pagó por la construcción de la réplica.

Lleno de sangre, Juan decidió tirar a la basura su gafete que lo acreditaba como poseedor de un gafete para la EXPO EXPO y salir corriendo. Aquí el gafete.



Picas corrió sin cesar hasta quedarse sin aire. Reflexionó sobre varios temas, aunque dedicó más minutos al pensamiento intitulado "Qué estúpido evento y qué mal organizado". Unos minutos después, llegó a la conclusión de que si los organizadores hubieran asistido a un evento previo llamado "EXPO EXPO EXPO, todo para organizar su 'EXPO EXPO, todo para organizar su EXPO'", las cosas hubieran resultado mejor.

Su mente pensó más allá de las palabras. Pensó en imágenes de calidad fotográfica. Algunas de las cuales les muestro a continuación.




Por cierto, cuando Juan Picas pensó en esto, la Organización Sismológica Mundial reportó movimiento telúrico leve en Ginebra, Suiza. Precisamente en este lugar.

febrero 17, 2009

Mega beso

Los elegantes comienzan siempre sus historias con una cita:

"Las autoridades capitalinas debieron esperar dos horas para poder reunir a las personas suficientes que romperían el Record Guiness de mayor número de personas besándose de manera simultánea.

"Por lo menos 39 mil 897 personas rebasaron el récord que tenía la ciudad de Londres, Inglaterra, dijo Carlos Martínez, certificador del Récord Guiness."


Sí, apreciable lector. El estúpidamente sensual Distrito Federal, la capital del cachondeo jarioso, ahora tiene una marca mundial que nos envidiará París, Sodoma, Gomorra y la zona roja de Ámsterdam.

39,897 personas besándose al mismo tiempo. ¿Se imagina usted cuántas parejas tienen que besarse para...

Un momento...

¡No es un número par!

Señores. Estoy anonadado.

Un número impar de personas han roto el récord de más personas besándose al mismo tiempo. Esto sólo tiene 3 posibles explicaciones:

a) Que una de las personas presentes en el Zócalo en ese momento tuviera dos bocas y decidiera ir sola a participar. Es decir, que se besara a sí misma.



b) Que una persona estuviera besando a alguien tan feo que, después de un análisis cuidadoso y un escrupuloso peritaje, fuera imposible determinar si realmente se trataba de una persona o no.



c) Que el Sr. Guiness tenga graves dificultades para contar con exactitud. Sin importar la razón.



Bueno, sea como sea, el récord en nuestro.

febrero 13, 2009

Pequeñas grandes contradicciones

En algún momento del siglo pasado, debió haber tenido lugar alguna conversación entre un señor y un esclavo que comenzara de la siguiente manera:

- ¡Oye, imbécil!
- Sí, mi señor, dígame...

Lo que no sabía el señor era que, siguiendo una dialéctica de progreso al estilo marxista (aunque de manera muy velada), el esclavo se estaba rebelando y volteando la suerte. Al decir "mi señor", el esclavo se convirtió, desde el punto de vista semántico, en dueño del señor.

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Por otra parte, y volviendo a la época actual, en un esmeradísimo afán por convertirse en una oficina pública ejemplar y punta de lanza, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (a través de su división del Sistema de Administración Tributaria -¡qué nombre tan colonial!), me pidió mediante un "e-mail" que "me actualice". De hecho no me lo pidió, me lo ordenó con signos de admiración. Pero lo que más me gustó fue que justo después de hacerlo, presume su slogan que, increíblemente, sigue siendo el de 2008.




Querido SAT, ¡Actualízate tú, pendejo!

diciembre 13, 2008

Herencias milenarias no millonarias

De 85 a 99 por ciento del mapa del genoma humano ha sido descifrado. Más de 3 mil millones de letras del código ADN, por decirlo de una forma más o menos entendible y con referencias oscuras a Sherlock Holmes, han sido ordenados para su interpretación.

Pero qué lejos estamos de entender la herencia humana en términos de genes. Sí, de acuerdo, mi hermana tiene los ojos azules porque mi abuelo los tenía así (aunque eso sigue sin explicar el color negro de mis ojos), pero hay otras cosas de diversísimas índoles que heredamos de nuestros padres, siguiendo la naturaleza un método que, por eufemismo y por no encontrar otro término menos inadecuado, llamaré azaroso. Suponiendo que se puede hallar un método en el azar.

Ya lo dijo James Jeans (premio Nóbel de Física), "el universo, desde la perspectiva cuántica, empieza a parecerse más a un gran pensamiento que a una gran máquina". Y las reglas que rigen en uno y en otro parecen no tener nada en común. Acaben pues, queridos físicos cuánticos y biólogos genéticos (o como sea que se les llame, casi siempre con dos adjetivos y sin sustantivo) con el descubrimiento del mapa genético y, a la vez, con los presupuestos de los países industrializados. Pero cuando lo logren, llamen a un traductor y explíquenme con peras y manzanas a qué se debe que yo haya heredado esto que enlisto e ilustro a continuación (por supuesto, le llamo herencia porque no lo aprendí en ningún lado y, cuando ya era un hábito en mí, apenas lo descubrí en mi padre, en mi madre o en alguno de mis tíos).

La forma de comer cacahuates o "el dispensador natural de semillas, uvas y nueces".


La forma de limpiarse y rascarse el oído externo e incluso el oído medio o "el molinillo".



El desollamiento del dedo pulgar a causa de los nervios o "putamadre putamadre putamadre"



Colocar el protector de pantalla facial con sonrisa fingida a la menor provocación o "ajá, sigue contándome".



Intentar dormir siempre de lado aunque a los 10 minutos termine siempre volteado boca abajo.



En fin. Sin duda hay cosas más interesantes que heredar, como casas, yates y cuentas bancarias. Sin embargo, la mayoría de los mortales que no viven en el poniente de la Ciudad de México sino en cualquier otro lugar -conocido todos por "los ponientes" con el nombre genérico y casi despectivo de "el sur"- sólo heredaremos cosas de este tipo en todas nuestras vidas. Y hay que aprender a vivir con eso y a valorarlo.

noviembre 24, 2008

Nomenclaturas burocráticas

Alberto, burócrata legislador, caminaba hacia su respectiva cámara cuando pensó que ese era un buen día para comprar un boleto de lotería. Desvió su ruta habitual un par de cuadras para pasar por la calle que queda entre 5 de mayo y 20 de noviembre. Debería llamarse algo así como 15 de agosto, pero no. Inexplicablemente la calle se llama López.

Llegó a la esquina donde siempre había un viejo vendedor de lotería cuyo nombre ignoraba. El viejo no estaba. En su lugar, barría la calle Bruno. Entonces tuvo lugar esta conversación, que reproduzco con la mayor fidelidad que mi memoria golpeada por el alcohol puede proferir.

Sobra decir que… un momento, si sobra decirlo, entonces no lo diré. Aquí la conversación:

A: Oiga, ¿no ha visto al vendedor de lotería que siempre está aquí?
B: ¿Cuál, el viejito?
A: No le diga viejito… es… es… de la tercera edad.
B: ¿Qué? Es un viejo.
A: Puedes decirle “joven de corazón” en lugar de viejo. Así no eres despectivo.
B: ¿Joven de corazón? ¿De qué está hablando? Creo que el primer órgano que funcionó en su cuerpo fue el corazón. De hecho es más viejo de corazón que viejo a secas. Y no soy despectivo. El viejo come en mi casa todos los días. ¿Usted qué hace por él además de no decirle viejo?
A: Bueno, este… ¿lo vio o no?
B: No, pero vino el ciego, que también vende lotería.
A: ¿Ciego? No sea irrespetuoso, dígale mejor débil visual.
B: No, no es débil visual. Es ciego. Y no dije “pinche ciego” ni nada.
A: Ay, mano… usté sí que no sabe nada de nomenclaturas para las personas con capacidades especiales…
B: Capacidades especiales serían ver más allá de lo evidente, como Leono y su espada del augurio, o correr como Cheetara…
A: ¿De qué está hablando?
B: ¿De qué está hablando usted? Mi padre es cojo y no tiene ninguna capacidad especial. De hecho no sabe ni leer y anda en una silla de ruedas todo el día. ¿O se dice capacitador especial o trono móvil para personas especiales?
A: No sea payaso.
B: Usted no sea payaso. Apoco cree que mi padre se refiere al camión que lo atropelló como “el camión que me hizo el favor de otorgarme capacidades especiales”? Pareciera que perder un brazo, por ejemplo, en lugar de una desgracia se trata de una distinción del destino hacia uno.
A: Pues sí es una desgracia, pero igual hay que llamarle a la gente de una manera correcta.
B: Ya me cagó un poco, señor. Mire, en lugar de andar buscando cómo mierdas llamarle a un ciego, un cojo o un manco, preocúpese por lograr una edición en braile del Diario Oficial de la Federación, por ejemplo, para que el ciego se entere de cómo se tiene que referir a sí mismo y cuál es el impuesto que le toca pagar.

El joven Alberto se retiró, pensativo, a seguir legislando. Bruno siguió barriendo como el puto empleado que es.

septiembre 27, 2008

Dude, where is my breakfast?

Los días en la ciudad son perros y normalmente, en mi caso (en mi casa), comienzan con un olor a babas y unas contradictorias ganas de defecar y de comer al mismo tiempo. La alimentación, la contaminación, el empleo y el ritmo de vida son factores que comúnente influyen en el mal comienzo del día.

En fin, siempre salgo a las prisas y como lo que puedo, siempre y cuando venga acompañado de una generosa tajada de grasa y corbohidratos. Pero el jueves amanecí con aires renovados y la panza más inflada que de costumbre, así que en mi apresurado camino al trabajo decidí comprar un desayuno más nutritivo. Jugo de naranja y un solo sándwich, pensé.

El de los jugos, que también vende sándwiches, había sido dolorosamente retirado a la mala por la camioneta de salubridad. Sólo un rastro escaso de semillas de naranja y pulpa de frutas ignotas ocupaba su lugar en la banqueta.

Carajo. Había que pasar al Oxxo para comprar mi desayuno. Me mantuve en la idea del jugo y el emparedado. Los compré, los abrí, me los comí y, cuando quise descubrir orgullosamente la información nutrimental de lo que acababa de ingerir, descubrí lo que decían las letras pequeñas y me pregunté, así, en inglés: "Dude, where's my breakfast?".





Me quedé pensando, quién sabe por qué, en "El Ser y la Nada" de Sartre.

septiembre 18, 2008

Más rápido, más fuerte, más estúpido.

Terminaron los juegos olímpicos y están por terminar también los juegos "paralímpicos" (nombre que hace pensar que a la gente con discapacidades físicas se le considera "paranormal"). Y uno no puede sino mirar la tv y encontrar las otras cosas que pasan que no son deportes (telenovelas, programas de concursos de bailes, etc.) y ponerse muy triste por la realidad avergonzadora del estándar de entretenimiento en nuestro país.

Y aunque podría seguir un evento como este (click aquí), la verdad es que la emoción deportiva no volverá sino hasta dentro de dos años, cuando arranque el mundial en Sudáfrica.

En fin. Estaba viendo con detenimiento los deportes en los que México figura, y me llamó la atención uno muy especial: la marcha.

¿Alguien me puede explicar de qué se trata esa mierda de deporte?

Primeramente, se trata de un deporte con reglas muy extrañas y muy complicadas que nadie cumple. Como vimos en varias tomas dentro de las transmisiones de Beijing 2008 (¿cuándo dejamos de decir Pekín y empezamos a decir Beijing?), todos los competidores iban "flotando", esto es, caminando de forma en que por momentos ambos pies están en el aire. En otras palabras, todos hacían trampa, pero los jueces elegían a quiénes amonestar aleatoriamente o mediante criterios que nunca quedaron claros. Para un ejemplo de "flotación", ver la siguiente foto (obviamente va ganando la que va flotando).



Por otra parte, recordemos que el lema del movimiento olímpico es "CITIUS, ALTIUS, FORTIUS", i.e. "MÁS RÁPIDO, MÁS ALTO, MÁS FUERTE" en latín. Y, en efecto, la mayoría de las medallas de oro se entregan a los se mueven más rápido, a los que llegan más alto o a los que demuestran que son más fuertes (o a una combinación de las tres cosas en el caso de los deportes de conjunto). En la caminata, en cambio, gana el que camina más rápido. Niños, el primero que llegue a la mesa, PERO SIN CORRER, se gana el postre. Dios mío, qué farsa.

La marcha olímpica es el equivalente a que se entregara una medalla a quien corriera más rápido hacia atrás, a quien gateara más rápido o a quien cruzara primero la meta haciendo "paso Yogui". Es más, podría haber una medalla diferente según cada particular forma de correr o de caminar. Se trata de un deporte que bien podría haber sido inventado por esta oficina gubernamental (click aquí).

agosto 11, 2008

El otro lado de la mitología (literalmente)

Hay muchas razones para pensar que los dioses creadores secundarios, esto es, no los que crearon la materia y las primeras especies, sino los que se divirtieron “creando” cosas a partir de lo que los primeros crearon, no tenían un bote de basura quirúrgico para desechar los restos de lo que construían. Y es que los primeros botes de basura quirúrgicos de los que se tiene conocimiento datan de la época de las civilizaciones humanas, establecidas siempre (obviamente) algún tiempo después de la creación primigenia –desde la concepción protogénica de cualquier sistema metafísico creacionista que tenga sentido.

Me explico. Los dioses secundarios o demiurgos –llamados así en la idiosincrasia griega- se divirtieron creando especies extrañas a partir de las que los dioses primarios crearon. Ya desde el principio de los tiempos se hacían experimentos que hoy llamaríamos genéticos. Y entonces miles de criaturas deformes y estúpidas comenzaron a poblar la tierra. Por razones cósmicas que todo el mundo ignora, estas especies desaparecieron y hoy en día se pueden encontrar únicamente en los libros de mitología.

Vayamos al ejemplo. La sirena, fantástica especie con torso y cabeza de mujer, pero cola de pez. Las sirenas vivían bajo el agua y sedujeron al pobre Ulises en sus tumbos marítimos. Aquí una imagen de una de ellas.



Otro ejemplo es el Minotauro, torso y extremidades de hombre, pero con cabeza de toro.



El centauro, rápido como el caballo pero inteligente como el hombre, tomó aparentemente lo mejor de las dos especies, por cuanto conservó el cerebro humano y los miembros equinos (¡los cinco!). El sueño de toda mujer estereotípica.



Medusa. Una mujer embrujadora y malvada que tenía que darle de comer ratones a sus folículos pilosos capilares. La precursora del “wet look”.



Por último, la Esfinge. Un ser mitológico egipcio que tenía cuerpo de león y cabeza humana.



Ahora bien. ¿Alguien se ha preguntado qué carajos hicieron esos divinos cabronazos con los restos de los animales que despedazaron para crear éstos? La teoría de su servidor es que por cada bestia de estas que llegó a los libros de mitología, existe una especie contraria formada a partir de los otras mitades que, por razones evidentes, no significó un éxito genético. Se trata del Ying-Yang de los dioses creadores.

Me aventuro a ilustrar, con mis recursos limitados, la forma que hubieron tenido estos animales (si a semejantes entidades les podemos llamar así). Huelga decir que las imágenes que usted verá a continuación, son meramente ilustrativas. (¿Escuchaste, Mausán? No constituyen una prueba fehaciente de que la vida extraterrestre existe. No, no aunque imprimas estas imágenes y las agites llamándoles “pruebas contundentes”).

La primera de ellas resulta de las mitades perdidas de la sirena. Presumo que murió rápidamente por cuanto se atrevió a caminar por la tierra sin tener pulmones. Se habrá ahogado antes de completar los primeros diez pasos:



El Taurhómino. Cabeza humana en un cuerpo de toro. Al no tener cuernos, habrá perecido en su primer enfrentamiento contra un toro por la búsqueda del amor de una vaca.



El Anticentauro. Débil como un hombre, estúpido como un caballo. Se cree que sirvió de inspiración al guionista de la afamada serie “Ed”. Pudo haber muerto de cualquier cosa, por idiota.



Antimedusa. Una serpiente con pelo humano. Quizá se le enredaron las greñas en unas ramas y quedó autoinmovilizada, lista para morir a garras de algún depredador. Si hubiera vivido suficiente, habría aparecido en el show del cazador de serpientes australiano (que también cazaba cocodrilos, pero que evidentemente se saltó la clase justo cuando enseñaron la técnica para cazar mantarrayas).



Por último, la Antiesfinge. Aquí en una imagen de bebé, por cuanto no considero posible que haya llegado a edad adulta si alguna vez aprendió a chuparse los dedos.



A estos adefesios bien podríamos llamarles “seres mitoilógicos”. Pero duraron tan poco, que ni siquiera se les llegó a nombrar.