Mostrando entradas con la etiqueta estupidez perpetuada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estupidez perpetuada. Mostrar todas las entradas

noviembre 19, 2013

Dos consideraciones, dos conclusiones.



Primera. Tendemos a pensar que construimos nuestro futuro. En realidad nos pasamos la vida construyendo nuestro pasado, tratando de justificarnos todo el tiempo. Somos quienes hemos sido, no quienes seremos. Ninguna decisión repercute eficazmente en nuestro futuro, sino en la forma en que habremos de estructurar nuestro pasado. Todo el tiempo pensamos en lo que sucederá, en quién seremos, en lo que habremos de hacer, pero siempre nos colocamos allá, en el fondo, en lo más recóndito del futuro, para poder imaginarnos mirando hacia atrás, respirando hondo y diciendo sí, eso es lo que quería hacer de mí.

La imaginación es esclava de la memoria.

Segunda. El verdadero creador está al final del tiempo, no al principio. Me parece más consecuente pensar que aquél que escribió la fatalidad estará esperándonos al final de todo, en el último momento, cuando cesan las historias, que pensar siquiera que estuvo al principio, que creó y desapareció, que dispuso lo que habría de suceder en lugar de ordenar lo que ya había sucedido. Todas las historias acerca de dios son proyecciones nuestras, todas han sido concebidas con un orden cronológico ascendente. Ahí me parece que hemos errado el camino.

El creador está allá, en donde todo termina menos él.

Así se estructura nuestra historia, nuestras historias, que son todo lo que tenemos, todo lo que somos. Por tanto, parece justo decir que vivimos en reversa, caminando de espaldas hacia delante ponderando lo que ha quedado atrás. Y, por consiguiente, entendemos la historia de nuestro creador también en sentido inverso al que debería ser: en un principio era el logos, decimos, cuando es claro que sólo al final del desarrollo de todo lo desarrollable será cuando podremos hallar un logos de las cosas. Los génesis diversos de las culturas son conclusiones disfrazadas de axiomas, son nombres dados a posteriori y presentados a nuestras consciencias como ideas a priori.

Hay que escapar de esta inercia, corromper la noción de progreso, destrozar las hipótesis. Esa es mi arenga.



abril 28, 2011

Redundancia laboral.

World Trade Center,
México D.F.
20:46 horas.

Me dirijo, después de ir a ver una película que no vale la pena mencionar aquí, hacia el automóvil estacionado cuatro pisos por debajo del nivel del suelo. Una feliz coincidencia me coloca frente a una máquina de prepago.

Me formo, cuento las monedas, hago una resta mental para obtener el total a pagar antes de que lo informe la pantallita. Sí, le gané. Sí, era correcta la suma que pensé, también pensé que era hiperbólica.

Elevador abajo, me subo al auto y, al salir, me encuentro con una estrecha casetita de cobro a la altura de la pluma de salida. Dentro de ella, un hombre (aunque parecía que más bien se la habría puesto como se pone una chamarra, apenas cabía ahí). Olor a vaho y café, un cigarro en la boca. Yo, confundido ante el brazo estirado del caballero esperando recibir mi boleto, le pregunto para qué lo quiere. También le indico que ya lo pagué. Me mira cansado, no contesta, fuma sin tocar el cigarro con la mano. Revisa el boleto y lo introduce en la ranura correspondiente. La ranura estaba también al alcance de mi mano. Incluso hubiera sido más fácil que yo metiera el boleto ahí. Él tuvo que sacar la mano, doblarla improbablemente hacia atrás -mostrando a la vez que sus articulaciones funcionaban perfectamente a 360 grados- y atinarle sin ver al orificio alargado. Acto seguido, la pluma sube y yo salgo. Me quedo pensando que, así como las máquinas se vuelven obsoletas después de algunos años, las personas también pueden volverse obsoletas después de algunas máquinas.

-¿Estudias o trabajas?
-Trabajo.
-¿En dónde?
-En un estacionamiento.
-¿Lavas coches, echas aguas, vigilas?
-No. Estoy en la caseta de cobro de lunes a sábado de las 16 a las 24 horas.
-Ah. ¿No hay máquinas de prepago?
-Sí.
-Mh. Entonces tú no cobras. ¿Qué haces de 16 a 24 en la caseta de cobro?
-...

Entiendo que la falta de empleo en este país se agudiza cada año. Entiendo que a veces hay que hacer lo que sea para ganar unos pesos. Entiendo que el señor dueño de ese estacionamiento está intentando fomentar el empleo, crear nuevas plazas. Pero creo que hay que establecer ciertos límites.

Es algo típico en México. La redundancia laboral. En una esquina en la que hay un semáforo en funcionamiento, encontramos un policía avalando las decisiones de ese poste con focos. Dentro de un elevador con botones para abrir y cerrar las puertas y un botón por cada piso, a veces encontramos a un señor que se dedica a apretar los botones. En el baño de las bodas hay un tío que saca las toallas de papel de su dispensador y te las da. En la esquina un chavo te limpia el parabrisas ignorando el hecho de que tu auto tiene unas plumas que van y vienen sobre el vidrio para limpiarlo. En fin.

Al señor de la casetita de cobro del estacionamiento le dejo aquí tres ideas de funciones en caso de perder su empleo por meter un boleto al revés, quemar con su cigarro a un cliente o simplemente porque un día que haga frío se ponga una chamarra y ya no pueda entrar a su cubículo.

Señalización en 3D.



Columna.



Tope indicador.

junio 05, 2010

Vegan-Cannibal

"Esa noche entre tus brazos caí en la trampa.
Cazaste al aprendiz de seductor."
José José


El mismo Dios amenazó a los israelitas con la obligación de comer humanos si se atrevían a desobedecer sus leyes.

Ser un caníbal no es una condición elegida, fácil de sobrellevar ni mucho menos divertida. Más allá de la dificultad para cazar a las presas, los problemas de colesterol elevado, obesidad e incluso la predisposición a la diabetes mellitus son sólo algunas de las preocupaciones con las que un caníbal cualquiera tiene que lidiar todos los días.

Muchos se imaginan que la vida de un caníbal cuando no está sentado a la mesa puede ser de lo más normal. Nada más alejado de la realidad. Un caníbal se levanta en la mañana y tiene que meterse en una oficina llena de colegas que son, en realidad, su potencial cena del jueves por la noche. ¿Podéis imaginar un día en vuestra oficina si en lugar de jefe tuviésen una pizza humeante y sentado a un lado suyo estuviera un filete de 83 kilogramos tecleando en el ordenador?

Cuando conocí a Francisco X., a quienes sus amigos más cercanos conocían como Taco (no Paco), me esperaba recluído en un rincón de su habitación. Su cuerpo, cadavérico, dejaba entrever que el muchacho llevaba varios días ingiriendo sólo líquidos, a saber, orina y sangre humanas.

"Optar por el vegetarianismo fue una decisión complicada", me dijo. "No sólo la tomé por cuanto la consecusión de mi alimento diario era severamente cuestionada por las autoridades de mi comunidad, sino más bien por consideraciones alrededor de mi estado físico".

Un día regresó del laboratorio con los resultados de una química sanguínea de 23 elementos bajo el brazo, dentro de un sobre. Al llevarla con su doctor, el rostro con el que el galeno examinó el documento le hizo saber que algo andaba mal. El joven caníbal estaba al borde de la aterioesclerosis. Sus niveles de colesterol y de ácido úrico estaban por las nubes. "Y era entendible -me dijo- no somos vampiros europeos que pueden andar seleccionando a las víctimas más esbeltas y bien alimentadas. En Centroamérica la cosa es más complicada". Es sabido que la buena alimentación de un caníbal no depende sólo de él, sino también de los hábitos alimenticios de sus víctimas.

Y ese mismo día, al caer la noche, después de refinarse un pozole de pierna, decidió convertirse al vegetarianismo.

Guardemos una pausa, querido lector, para reflexionar acerca de las consecuencias de una decisión alimenticia que, para el joven Taco, fue más bien una decisión existencial.

(Pausa textual)

Eso sí... Eso no... Aquello, quizá... Hum, eso definitivamente es un punto interesante para la reflexión.

Excelente. Gracias por el ejercicio, querido lector.

Ahora publicaré, por primera vez, un fragmento de la nueva dieta que Francisco ostenta orgulloso en su refrigerador, sujetada no sin ironía por dos imanes con formas de fémur y costillas BBQ, respectivamente.

- Palmitas a la plancha.



- Plantas revueltas con hongos.



- Tallo (cerebral) en escabeche.

marzo 14, 2009

El infinito desde el punto de vista del márketing contemporáneo

I guess that's the way the whole durned human comedy keeps perpetuatin' itself. The Stranger. The Big Lebowski, 1998.

La maquinaria social avanza, destroza, se especializa. Y la especialización significa, en ciertos ámbitos, futuro, evolución y aun perfeccionamiento social. Sin embargo, en otros ámbitos puede llegar a significar estupidez, nimiedad y banalismo.

En últimas fechas han surgido cursos, conferencias, maestrías y expos, que son tan específicas como inútiles. Y mientras veo que la cosa va cada vez peor, sólo espero que algún día hagan una EXPO JOSEMARÍA, donde ofrezcan todo lo que a mí se me pueda ofrecer en la vida. Calculo que en un par de décadas sucederá. Quizá antes.

Mientras tanto, caminando por la calle lateral del WTC, Juan Picas se encontró con una expo muy particular. La "EXPO EXPO, todo para su expo". Los resultados fueron borgesianamente interesantes.



Picas se dijo "tengo que entrar a esta EXPO" mientras entraba a esa EXPO. Luego se dijo "tengo que decirme internamente las cosas antes de hacerlas, no mientras las hago, de esa forma me van a servir de algo mis soliloquios internos".

Cuando se dirigió al escritorio de registro, notó algo muy extraño. Las personas que atendían ahí no se movían en absoluto. Habló, gritó y, por fin, golpeó a uno en la cara pensando que le estaban aplicando la ley del hielo, cosa que le molestaba sobremanera desde la primaria. No, no le estaban ignorando a propósito, sino que Juan estaba frente a un modelo de escritorio de registro, que estaba en exposición como parte de la EXPO EXPO. El sujeto al que golpeó en la cara era meramente un maniquí. Detrás, estaba el escritorio real.



Lo primero que pensó que encontraría en EXPO EXPO era una serie de módulos que ofrecían posibles locaciones para organizar una expo. Pero no, la logística era diferente. Preguntó y le dijeron dónde se encontraban dichos módulos. Aquí el croquis que recibió:



En una inteligente jugarreta estratégica, los organizadores del evento colocaron los stands lejos del alcance de los asistentes, para no tener competidores directos. "Bien pensado" pensó Juan (ya vamos viendo que Juan Picas es un pensador activo y reflexivo con un IQ sorprendente).

En fin. Continuó su camino. Lo siguiente medianamente interesante con lo que se topó fue un stand que vendía stands para expos. Se veía así:



Se acercó, intrigado, a ver el modelo de stand. Una réplica en miniatura del stand en el que se encontraba la misma réplica. Obviamente, los dueños de la compañía de stands usaron un stand de propia manufactura para ubicarse. Juan miró con detalle. La réplica era perfecta, pero demasiado pequeña. Entonces le preguntó a la persona que atendía ahí: "¿No hubiera sido suficiente colocar el stand original y mostrarlo?" El dependiente se quedó perplejo (era el director de márketing de la compañía de stands) y, después de pensar varias cosas al mismo tiempo -cosa que nunca le había sucedido justamente porque trabajaba en márketing- sufrió un ataque nervioso que derivó, tres segundos más tarde, en un colapso terminal de su sistema nervioso y en la consecuente explosión de su cabeza. Juan se quedó pensando en que quizá lo que detonó la explosión fue que el susodicho alcanzó a pensar claramente -en esa maraña de nervios en que se había convertido- en el precio que pagó por la construcción de la réplica.

Lleno de sangre, Juan decidió tirar a la basura su gafete que lo acreditaba como poseedor de un gafete para la EXPO EXPO y salir corriendo. Aquí el gafete.



Picas corrió sin cesar hasta quedarse sin aire. Reflexionó sobre varios temas, aunque dedicó más minutos al pensamiento intitulado "Qué estúpido evento y qué mal organizado". Unos minutos después, llegó a la conclusión de que si los organizadores hubieran asistido a un evento previo llamado "EXPO EXPO EXPO, todo para organizar su 'EXPO EXPO, todo para organizar su EXPO'", las cosas hubieran resultado mejor.

Su mente pensó más allá de las palabras. Pensó en imágenes de calidad fotográfica. Algunas de las cuales les muestro a continuación.




Por cierto, cuando Juan Picas pensó en esto, la Organización Sismológica Mundial reportó movimiento telúrico leve en Ginebra, Suiza. Precisamente en este lugar.