julio 21, 2010

A un metro de la inmortalidad.

Cuando tu forma de gobernar no satisface los mínimos requisitos para considerarse un periodo exitoso de gobierno o, peor aún, para considerarse un perdiodo de gobierno propiamente dicho, hay que buscarse nuevas formas de pasar a los anales de la historia con cierto decoro o, al menos, sin un adjetivo humillante colocado siempre antes de tu nombre.

En una ciudad del tamaño del Distrito Federal, lograr que el trabajo del jefe de gobierno pase a la historia requiere una empresa de la talla del segundo piso del periférico o de la cintura del gordo Encinas.

Ebrard ha traído festivales y marcas del libro de Guinnes, ha estirado el presupuesto del Metrobús hasta límites insospechados, ha tratado de imponer la moda de mover la cabeza como perrito de tablero de taxi mientras da conferencias y ha colocado bicicletas cerca de su casa para sentir que vive en Ámsterdam (de hecho, creo que sí vive en la calle Ámsterdam). Pero si de verdad pretende convertirse en candidato a presidente de la República, le hace falta hacer mucho más.

Gracias a estudios intensos realizados por buena parte de su equipo, se llegó, al unísono, a dos conclusiones relevantes en grado de "muy". A saber, que es necesario seguir haciendo cosas significativas que aparezcan en el periódico y, por otra parte, que se le ha terminado el presupuesto para hacerlas.

Un miembro de su equipo, encargado también de maquillarlo para las sesiones fotográficas de la revista "Quién" y de elegir el repertorio de anteojos del mandamás defeño, tuvo una brillante idea. "Hagamos modificaciones en las estaciones del Metro", dijo, y luego se sentó a esperar a que terminaran de reír los demás asistentes a la reunión de emergencia. Cuando se reestableció el silencio en la sala, interrumpido aquí y allá por esos suspiros que persiguen a las carcajadas, continuó: "no me refiero a modificaciones reales... ¿cómo explicarles? ¡Cambiémosle el nombre nomás!"

Entonces se pusieron manos a la obra y, desde ese día, poco a poco se han ido cambiando algunos. Comenzaron con un par:

"Metro Etiopía" cambió su nombre a "Metro Plaza de la Transparencia". ¿Para qué hacer referencia al negro si se puede mejor evocar la diafandad?

"Metro Viveros" cambió su nombre a "Metro Derechos Humanos", dado que cada vez hay más personas y menos plantas.

El equipo de investigación de este blog consiguió, gracias a la corrupción de algunas fuentes que prefieren mantenerse en el anonimato, la lista de los cambios en los nombres de las estaciones que se darán paulatinamente en el futuro próximo. Aquí presentamos esos nombres ilustrados con iconos que el equipo de diseño de este blog especula que podrían parecerse a los reales. También añadimos una hipotética y somera argumentación que explica el nombre encontrado en la lista.



Antes: Metro Garibaldi.
Tomando en cuenta los excesos etílicos perpetrados todos los días por los lugareños y los visitantes, se cree que este cambio será una buena forma de crear conciencia y modificar el incosciente colectivo de forma subliminal.



Antes: Metro Balderas.
La causa del cambio es el terrible evento sucedido el año pasado en los andenes de esta estación. El equipo de diseño no consideró necesario modificar el icono.



Antes: Metro Salto del Agua.
Los estudiosos del equipo de Ebrard siempre están un paso adelante. En breve, esa colonia dejará de recibir el servicio de agua potable.



Antes: Metro Rosario.
Hay que adaptarse a las necesidades espirituales de la población. No es una casualidad que Hidalgo y Fox hayan ganado sus respectivas batallas utilizando como estandarte el icono religioso de la época que estaba más en boga. Las cosas han cambiado en el DF durante las últimas crisis eclesiásticas y la proliferación del narco.



Antes: Metro Insurgentes.
El punto de reunión de las "tribus urbanas" y púlpito de líderes de movimientos menores que no alcanzan a merecer el Zócalo.



Antes: Metro Nativitas.
La proliferación de hoteles de paso y sexoservidoras que operan en las cercanías ha llegado a convertirse en la tradición más emblemática de este barrio.



Antes: Oceanía.
Simplemente se trata de anticipar lo que ya todos sabemos, a saber, que el continente australiano está cerca de convertirse en la nueva Atlántida gracias al cambio climático y sus inminentes consecuencias.



Antes: Polanco.
Si se quiere ganar una elección, hay que tener a los judíos y a los libaneses contentos.



Antes: Refinería.
Aceptémoslo, antes de que se comience la construcción de una refinería moderna de Pemex, los empleados de Shell, de Chevrón, de Petrobras y de BP estarán comiendo nuestros panuchos.



Antes: Tepito.
El equipo de investigación de este blog considera que este nombre no es oficial, sino que se trata de una copia pirata. No le pongamos mucha atención.



Antes: Tlaltelolco.
En memoria de su excelencia Gustavo Díaz Ordaz.



Antes: Universidad.
La forma más segura y rápida de conseguir sustancias prohibidas es bajarse en esta estación. ¿Para qué esconderlo? ¡Viva la Universidad!


Estaremos pendientes de nuevos cambios.

2 comentarios:

Lucía Malvido dijo...

Reflexioné acerca de esto detenidamente... (o tal vez no) y llegué a la conclusión de que el Metro Derechos Humanos, o bien es una broma o una orden. Es decir, conjugado en imperativo, para que quepa más gente a horas pico. No está de más aclarar también que nuestros analistas políticos fobiósofos (o no tanto) leen en ello un tono extremadamente totalitarista:
¡DERECHOS, HUMANOS! Dice la voz que anuncia la siguente estación. Philip K. Dick, desde el inframundo, nos recomienda huir exactamente en la direccion contraria.
Besos Chema!!!! Y al filete de 85 kilogramos que teclea en el ordenador contiguo o sin tiguo!!!!

Lu =)!

lira dijo...

Usted y su capacidad de combinar el humor y la realidad. Clap, clap, clap, !bravo! (soy su fan).