febrero 13, 2009

Pequeñas grandes contradicciones

En algún momento del siglo pasado, debió haber tenido lugar alguna conversación entre un señor y un esclavo que comenzara de la siguiente manera:

- ¡Oye, imbécil!
- Sí, mi señor, dígame...

Lo que no sabía el señor era que, siguiendo una dialéctica de progreso al estilo marxista (aunque de manera muy velada), el esclavo se estaba rebelando y volteando la suerte. Al decir "mi señor", el esclavo se convirtió, desde el punto de vista semántico, en dueño del señor.

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Por otra parte, y volviendo a la época actual, en un esmeradísimo afán por convertirse en una oficina pública ejemplar y punta de lanza, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (a través de su división del Sistema de Administración Tributaria -¡qué nombre tan colonial!), me pidió mediante un "e-mail" que "me actualice". De hecho no me lo pidió, me lo ordenó con signos de admiración. Pero lo que más me gustó fue que justo después de hacerlo, presume su slogan que, increíblemente, sigue siendo el de 2008.




Querido SAT, ¡Actualízate tú, pendejo!

3 comentarios:

iL Hell Dogma dijo...

jajajajaj. que divertido, no se me habia ocurrido decirle lo mismo al sat, y fijate que siempre estoy lidiando con ellos.

luis dijo...

Ja ja ja , si, están cab.ones. Esta bien pero un poco inexacto tu referencia a Marx, estas ondas del amo y el esclavo son mas bien Hegelianas, deberias comprar un libro que se llama "Hegel para principiantes" que venden en la Gandhi JAJAJA

Emmanuel dijo...

Corrección: un solo signo de admiración, lo que, con el asunto del e-mail ("Invitaci?n a corregir su situaci?n fiscal"), ilustra su mal español y tal vez explique un poquito la evasión fiscal del 40% en México.

Por cierto, yo pensé lo mismo que luis, y sí, es porque compré el Hegel para principiantes.
Breviarios del fondo, por favor.