diciembre 12, 2007

FOBIOSOFIA / la ilusión de la seguridad


Te subes al avión. De inmediato comienzan las medidas de seguridad. Dos edecanes maquilladas en exceso te explican algo que tú ya sabes. Lo hacen dos veces, una en inglés -si a esa serie de balbuceos inconexos se le puede llamar así- y una en español. Creen que uno, además de monolingüe, es idiota, y por eso repiten los gestos también: una vez en español, otra en inglés.

Las chicas nos avisan que los letreros que señalan las salidas de emergencia permanecerán encendidos durante todo el recorrido, para que, en caso de que nos sintamos mareados y necesitemos salir con velocidad del avión a medio vuelo, sepamos por dónde hay que ir. O quizá por si se incendia la alfombra del pasillo y comienza a ser imprudente quedarse ahí dentro respirando humo.

Se nos indica que los asientos en los que pusimos el culo son, además de sillas, flotadores. Entonces nos sentimos mucho más tranquilos, porque si el avión que viaja a 30 mil pies de pronto pierde un motor y cae sobre el océano, lo más importante es que nuestro cadáver sepa de qué se tiene que agarrar para que el departamento forense lo encuentre flotando cuando se haga el recuento de los daños.

Entonces llega el momento de las mascarillas. Cuando las veas salir de verdad enmedio de un vuelo, te sugiero que obligues a que tu mente proyecte toda tu vida frente a tus ojos, porque estoy casi seguro de que no lo hace sola justo antes de morir, como comúnmente se cree. Y es comprensible que aparezcan cuando el avión se está cayendo: ya lo dijo Tyler, "el oxígeno te pone a volar; cuando estás a punto de morir, comienzas a tomar grandes bocanadas provocadas por el pánico. Te drogas, te pones dócil, aceptas tu destino".

En caso de que el avión esté a punto de estrellarse, lo mejor es colocarse en posición de choque. Esto es, colocar la cabeza entre las rodillas -como si alguien, además de Nadia Komanechi pudiera lograrlo- y abrazar ambas piernas contra el pecho. Y pienso: si esa posición fuera a evitar que nos lastimemos, ¿no sería mejor poner un verdadero cinturón de seguridad en los asientos en lugar de ese remedo que todo el mundo usa muy aflojado? Me parece que los fabricantes de aviones saben que cuando una de sus aeronaves se estrella, los pasajeros están perdidos. ¿Para qué invertir en cinturones de seguridad de tres o cinco puntos si, de todas formas, no salvarán vidas? Y también me parece que tienen razón cuando piensan así.

Todo esto lo sabe todo el mundo. Y también sabemos que el personaje que viene manejando el avión es un ebrio que, si bien le fue, durmió apenas media hora, empiernado, entre vasos de whisky, senos caídos y olor a uniforme de poliester planchado sin lavarse.

En fin. Iluso e imbécil sería el que supusiera que volar por los aires a 1000 kilómetros por hora, encima de las nubes, en una casa con alas movida por dos pequeños motores, no es peligroso. Lo único que molesta es que las compañías crean que somos tan ignorantes como para creer que sus instrucciones de seguridad nos salvarán la vida en caso de accidente.

Después de todo esto, sé que seguiremos enderezando nuestros asientos, subiendo las mesas de servicio, apagando nuestro iPod y abriendo las cortinillas cada vez que despeguemos o aterricemos en un avión. Y lo seguiremos haciendo aunque no tengamos puta idea de por qué lo hacemos, aunque sepamos que cualquiera que sea la razón debe ser una leyenda urbana. Pero es que cuando una mujer con uniforme se pone seria y nos pide las cosas sin decir "por favor", es evidente que tenemos que obedecerle.

4 comentarios:

Semidios dijo...

No puedo estar más de acuerdo con vos, primero me atrae morbósamente escuchar a esas chicas hablar en inglés, se oyen tan idiotas.

Y bueno, a pesa de que los aviones son más seguros hoy en día que los camiones o la regadera no dejan de ser muerte inminente en caso de desplomarse.

Por otro lado, la pequeña obra de teatro que montan las morritas estas es la único que queda como tarea que justifique su existencia. Porque la verdad ya no sirven para nada.

Muy buena reflexión

Víctor Rivas dijo...

Vamos, vamos. Que viajar en KLM o Singapur Airlines es un placer sexoso, inquietante, que atónito te deja diez, quince horas esa displiscenciabuentratomiradaatentapielblanca y además peinadaigualmenecantaverturistas. Siempre quiero que me pidan apagar mi aipod y me encanta contestarles que ese aparato sí se puede llevar encendido, que no manda señal alguna que distraiga al héroe pretérito ese, el piloto que miles han querido ser y entonces ellas discuten el punto y uno le sigue con nomequiteamorrisseyquevamosaaterrizar... ah, ojalá y esa seguridad por los aires acá en la tierra la tuviésemos.

chicadada dijo...

cuando te toca te toca!! increible pero cierto, un tio vive para contar eso de los desplomes aereos, aunque no creo todas y cada una de las "instrucciones de seguridad" le sirvieran de nada para sobrevivir en el momento del panico

villarreal dijo...

me provocò ternura tu comentario de que el blog tiene muy poca participaciòn. busquè una buena entrada y ahi voy....

las azafatas, ademàs de hacer su chamba de servir comida a gente que acaban de comer, o van a llegar a comer,( porque ´-quien no contesta a la manida pregunta de comiste en el aviòn? con -sì algo -), dan las instrucciones sosas y estùpidas que ya señalas. A lo anterior me gustarìa agregar, que muchas disfrutan de la muy humana pasiòn de ejercer el poder en el cilìndrico y ovoide universo del aviòn apagando I pods, prohibiendo todo lo posible y miràndonos como subditos, para cuando se cambien su uniforme de poliester integrarse a la enorme y competida multitud de chavas mas o menos buenonas que luchan por pasarla mas o menos en las mas o menos metròpolis de nuestro paìs. De ahì que...... comprensiòn para estas Barbies de plastilina y respeto por su una o dos horas de reinado