En la sutileza de las sensaciones se esconde la esencia de los sentimientos. Cualquiera puede calificar de feliz un picnic en el parque de una ciudad belga a medio día. El adjetivo terrible se aplica con corrección universal a la escena de un gato recién nacido ahogándose en una tina. Pero el núcleo de las sensaciones suele encontrarse en escenarios y momentos impredecibles. Silenciosos. Solitarios.
Un listado de percepciones tan intensas que generan por sí mismas un estatus anímico se ofrece a continuación.
El Miedo.
Hay un espejo de doble hoja encima del lavabo de un bar. El ángulo en el que está dispuesto es tan agudo que parte de un espejo se refleja en el otro y viceversa. Al inclinarme un poco para lavarme las manos, descubro mi reflejo en uno de ellos y, a la vez, percibo mi reflejo en el otro espejo también reflejado en el espejo primigenio. Mi rostro se multiplica una y otra vez, de frente y de nuca, de frente y de nuca, hasta el infinito. Me acerco la mano al rostro y miles de manos se acercan a miles de rostros al mismo tiempo. Seguramente hay un desfase que no puedo percibir debido a la imposible velocidad de la luz y a la imprecisión natural de mi sentido de la vista. Me quedo quieto observando el juego de espejos. De pronto, el cuarto rostro a la derecha, que se mostraba de nuca, voltea a mirarme y sonríe. Los demás rostros siguen quietos. Todos palidecen.
La Deseperación.
Llego a casa. Saco la cajetilla de cigarros. Me queda uno que guardé para fumarlo antes de dormir. Cierro la puerta con llave, me quito los zapatos y los pantalones. Deshago la cama. Traigo un cenicero al cuarto, tomo el encendedor. La cajetilla está vacía.
La Tristeza.
Una mujer muy bella se sienta de frente a mí en el metro. Me ve con distracción. La veo con intensidad. Luego me distraigo. Luego ella me ve con intensidad. Luego yo me doy cuenta. Luego ella mira hacia otro lado pero sonríe. Luego yo sonrío. Luego finjo distracción. Luego ella se baja una estación antes que yo.
La Felicidad.
Encuentro en el refrigerador un recipiente especialmente diseñado para guardar alimentos. Es de un blanco opaco y tiene tapa azul. Espero encontrar salsa verde para acompañar la insípida quesadilla que me he preparado para cenar. No he ido a hacer las compras desde hace cinco días, no hay nada más para comer. Al quitar la tapa descubro doscientos gramos de mixtote que había olvidado que me sobró de la comida de ayer.
La Nostalgia.
Miro la repetición de un gol del Madrid en la televisión. Recuerdo el silbatazo final en Monterrey, cuando terminó la final del Apertura 2004.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 mordieron el anzuelo:
Publicar un comentario en la entrada